Sábado 26 de junio de 2009
Asimetrías
¿DE QUE SIRVE?
Por Camilo Herrera Mora
En este maremoto de justificaciones del gobierno nacional y otras autoridades sobre diversos temas, es más fácil escribir un cuestionario abierto que una columna.
¿De qué sirve decir que no estamos en recesión?, ¿por qué decir que el precio de la gasolina no va a bajar?, ¿para qué saber por qué renunció el inspector de la Policía?, ¿por qué el presidente dice que acabo con el clientelismo?, ¿por qué culpar a un congresista por la caída de la ley de víctimas?
¿Para qué revivir la inmunidad parlamentaria?, ¿por qué reelegir la seguridad democrática?, ¿Dónde están los culpables de los falsos positivos?, ¿Por qué siempre dicen que respetan las instituciones y paso seguido critican sus acciones?
¿Por qué la clase media debe financiar la seguridad democrática y no el sector que se beneficia de ella?, ¿de qué sirve una reforma tributaria parcial?, ¿por qué mantener los ministros que no han dado los resultados prometidos?
¿Por qué insistir en los TLC cuando el problema es de demanda interna?, ¿Por qué hablar de salarios mínimos diferenciados?, ¿de qué sirve tener la menor recesión, si al final la tenemos?, ¿por qué tenemos choque de trenes?, ¿es bueno que vengan tantos funcionarios de la ONU a ver qué está pasando?
¿Por qué decir que el crimen de Luis Carlos Galán es un crimen de estado?, ¿de qué sirve hoy denunciar las violaciones de los derechos humanos de los grupos al margen de ley?, ¿para qué presentar proyectos de ley que no son viables?
¿Qué debemos esperar de la nueva reforma política?, ¿Por qué investigamos a nuestros jueces?, ¿Por qué no es claro a quien investigamos?, ¿para qué bajar las tasas de referencia si no se da liquidez?, ¿para qué aumentar los impuestos a la ventas cuando el consumo está deprimido?, ¿por qué no comenzar las inversiones públicas anticíclicas?
Pero la pregunta más importante quizá es, ¿todas estas justificaciones y situaciones son para mejorar al país o para mantenerlo donde esta?
Colombianada: ¿si las cosas están bien, hay tanta justificación?
Colombiador.blogspot.com
jueves 2 de julio de 2009
¿QUÉ VALORES NOS QUEDAN?, Revista Semana
¿QUÉ VALORES NOS QUEDAN?
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
Especial para la Revista Semana
Cuando pensamos en la fechas patrias sin duda nos remitimos a esos elementos que creemos hacen nuestra identidad nacional, como la música, las personalidades, nuestra historia, y sin querer olvidamos que nuestra identidad está claramente ligada a nuestra cotidianidad, y es allí donde están nuestros valores.
Los valores son los acuerdos que hacemos como personas sobre cómo se deben hacer las cosas, nos hablan de cómo queremos que sean las cosas, como afirma Guillermo Hoyos. Estamos de acuerdo en que no se debe matar y no se debe mentir, igualmente estamos de acuerdo que las cosas son de sus dueños y que todos debemos ser tratados iguales y libres. Desafortunadamente, las estadísticas dicen todo lo contrario: en 2.008 murieron asesinadas 12.007 personas, se reportaron 45.259 hurtos comunes y se dieron 340 secuestros según los datos de la Policía Nacional. Hasta listar 19.444 lesiones comunes, simples peleas, y esas son solamente las reportadas.
Por esto los valores o deseos en que estamos de acuerdo son conocidos como la moral de una sociedad, su cultura ciudadana, y cuando afrontamos estos valores ante situaciones particulares es donde aparece la ética; según Kierkegaard la ética es la reflexión filosófica de la moral, es decir, que es la reflexión que cada uno de nosotros hacemos frente a una situación que se nos presenta y la estructura de valores que tenemos; por ejemplo, cuando encontramos un billete de $10.000 en la calle lo más común es que lo guardemos para nosotros y nunca nos preguntamos de quien era el dinero ni mucho menos por qué tomamos algo que no nos pertenece simplemente porque lo encontramos; otro ejemplo es el padre que roba comida para sus hijos, que es el extremo de las motivaciones humanas, pero que se desdibuja cuando los padres ponen a los hijos – desde bebés – a trabajar en los semáforos para lograr el diario para vivir.
La moral la construimos todos pero nunca nos hemos sentado a hacerlo. Antes la religión nos daba un punto de partida como los mandamientos, después la constitución nacional nos planteó una moral pública fundamentada en los derechos del ciudadano, pero al final nunca nos hemos puesto de acuerdo en los valores que queremos tener ni mucho menos en los que necesitamos. Y aún estamos enredados en “ganar el pan con el sudor de nuestras frentes” y esperar que “nos den el pan de cada día”. Lo que sin duda nos llevar a esperar a que Dios no se lo pague.
Paralelamente, la confianza intenta tejer en estos vacios redes de cooperación entre las personas, partiendo del supuesto que a mayor confianza más facilidad en las relaciones personales, pero el Colombia la tasa de confianza interpersonal no alcanza el 20%, lo que significa que solamente el 20% de la población confía en su prójimo; lo que evidentemente causa que un acuerdo de palabra sea inexistente y que los contratos comerciales tengan por lo general más de dos páginas de cláusulas, que incluyen clausulas de manejo de conflictos.
Adicionalmente, en diversos estudios como los continuos de Invamer-Gallup, se demuestra que más de la mitad de la población no confía en las instituciones, lo que causa que la opinión pública siempre tenga una visión negativa de los dirigentes; aunque es que es natural que no confiemos en las instituciones democráticamente electas, ya que cada persona solamente pone su voto por una persona y se eligen varias, por ende, las personas solo confiarían en quien votaron.
En el Estudio Colombiano de Valores y sus diversas actualizaciones se puede apreciar que en un listado de valores tradicionales del llamado mundo libre (católico, democrático y capitalista), nuestra estructura de valores deseados es focalizada a los valores sociales y no a los económicos y productivos. Esto nos hace reflexionar sobre los valores que deseamos y los que necesitamos: lo colombianos queremos ser más responsables, más tolerantes, más generosos y más creyentes, mientras le damos menos importancia a ser independientes, ahorradores, perseverantes y determinados, y lo más llamativo es que listamos el trabajo como el último valor deseado.
Esto nos deja una serie de reflexiones profundas sobre nuestra colombianidad. Queremos que las cosas nos lleguen por las relaciones sociales y buscamos evadir la responsabilidad y hacer las cosas nosotros mismos. Por esto instituciones como Dios, Patria y Hogar son fundamentales para el colombiano ya que en ellas delegamos nuestras responsabilidades como el empleo. El colombiano, en general, no ha dado el paso a ser responsable de sus actos y por ende de sus logros, y el mejor ejemplo de esto es que admiramos a aquellos que sí lo han hecho como Juanes o los dueños de Servientrega.
¿Qué valores tenemos?, eso es simple de contestar pero difícil de asumir. En teoría se nos han inculcado los valores católicos, democráticos y capitalistas, y es aquí donde las cosas se complican, porque el “no codiciar los bienes ajenos” riñe directamente con el libre mercado y “no robar” es inexplicable en un sistema político permeado por la corrupción.
Los valores los formamos en general hasta los 15 años y después no tenemos variaciones importantes en estos campos, como lo afirma Inglehart. En esos primeros años de vida aprendemos que es lo bueno y lo malo, y comprendemos lo bueno que tiene lo malo y lo malo que tiene lo bueno. Entonces, por esto se puede seguir hacia dónde van los valores de los colombianos.
Hoy el colombiano promedio tiene cerca de 30 años, entonces los valores que hoy priman son aquellos que fueron inculcados a la población entre 1979 y 1999, es decir, en período del cambio constitucional, ruptura de los partidos tradicionales, de negociaciones de paz, de narcotráfico, de secuestros. Una época donde el dinero fácil se acentuó en la sociedad logrando que las personas consiguieran ser ricas en poco tiempo sin importar lo que pase con los demás. Y este es el valor que trasciende a la población: ganar fácil, ser el primero.
En esta época se dan dos fenómenos muy importantes. Primero, que la formación se delega a la sociedad, a los amigos y a los colegios, alejando a la familia de este proceso ante la necesidad de ambos padres de ser fuentes de ingresos para el hogar, debido a la falta de oportunidades del sistema. De aquí surge mucho del fundamento de ser el primero, ya que al haber pocas oportunidades, el que llegue primero las puede tomar, y entre más rápido mejor.
Segundo, la entrada en vigor del FENOVAL, concepto planteado por John Sudarsky, que significa que el colombiano tiene FE en información NO VALidada; es decir que creemos todo lo que nos digan, porque es más fácil aceptar las verdades a medias que confrontar lo que nos dicen con otras fuentes.
El colombiano por alguna razón que no es fácilmente comprensible busca siempre ser el primero y por eso admira a los que logran, y está dispuesto a hacer lo que sea para lograrlo, bajo argumentos como “no se debe pero se puede”, “otros lo hacen” y la tenebrosa frase “¿o qué, usted me lo va impedir?”. Esta dinámica social se entroniza desde que el Gobierno ha puesto un sin número de normas sin aplicarlas y llevándolas siempre a algún tipo de amnistías que al final burlan el espíritu de la norma, entonces el ciudadano siente que hay muchas normas y que no tiene que cumplirlas.
Esto hace que el colombiano católico-secular que hoy conocemos cuando llega frente a una situación de violar una norma no haga un ejercicio racional de costo beneficio ante el castigo por infligir la norma (rational choice), o busque una segunda mejor opción, ni mucho menos que asuma que el logro de un beneficio menor individual logra un mayor beneficio colectivo, como plantearía John Nash; por el contrario lo que hace es un análisis de riesgo: si violo la norma pueden atraparme o no; si me atrapan pueden sancionarme o no; si me sancionan puedo cumplir la sanción o no; si cumplo la sanción gano más al cometer el delito o no.
Este juego hace que el colombiano sea fuertemente individualista y vea las normas como un laberinto de obstáculos que debe evadir para lograr su meta de ser el primero, incluso ser el primero en llegar al semáforo en rojo, o parar el bus en cualquier lado para no hacer fila o hacer doble fila para girar.
Estos fenómenos no surgen de la competencia deportiva que busca premiar a los mejores, más parece que surge del reconocimiento social donde ser el primero es fundamental. El colombiano buscar ser el primero y estar con los primeros, desafortunadamente esto no significa ser los mejores y estar con los mejores.
Al final cada vez más el colombiano, que creció en un época de violencia, narcotráfico, se parece cada vez más Lazarillo de Tormes, un ladino como afirma Emilio Yunis, que hace todo por vivir cómodamente, con poco trabajo y mantenido por alguien. Los valores que nos quedan son los familiares, ya que aquí no han llegado estos fenómenos tan profundamente, ya que la familia es el punto base de las personas y su lugar más confortable, donde siempre se le justificarán sus acciones pese a ser erradas.
¿Qué hacer?, algunos planean la redacción de un nuevo Manual de Carreño, otros piden el rol de las familias y otros claman por autoridad, la verdad es que el cambio parte de cada uno, al darnos cuenta que no tenemos que ser los primeros sino los mejores y esa es la fase posterior a la cultura ciudadana: lograr que hagamos las cosas que quisiéramos que nuestros hijos hicieran y así saber qué es lo correcto y no lo fácil. Recordando siempre que la vida es lo primero.
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
Especial para la Revista Semana
Cuando pensamos en la fechas patrias sin duda nos remitimos a esos elementos que creemos hacen nuestra identidad nacional, como la música, las personalidades, nuestra historia, y sin querer olvidamos que nuestra identidad está claramente ligada a nuestra cotidianidad, y es allí donde están nuestros valores.
Los valores son los acuerdos que hacemos como personas sobre cómo se deben hacer las cosas, nos hablan de cómo queremos que sean las cosas, como afirma Guillermo Hoyos. Estamos de acuerdo en que no se debe matar y no se debe mentir, igualmente estamos de acuerdo que las cosas son de sus dueños y que todos debemos ser tratados iguales y libres. Desafortunadamente, las estadísticas dicen todo lo contrario: en 2.008 murieron asesinadas 12.007 personas, se reportaron 45.259 hurtos comunes y se dieron 340 secuestros según los datos de la Policía Nacional. Hasta listar 19.444 lesiones comunes, simples peleas, y esas son solamente las reportadas.
Por esto los valores o deseos en que estamos de acuerdo son conocidos como la moral de una sociedad, su cultura ciudadana, y cuando afrontamos estos valores ante situaciones particulares es donde aparece la ética; según Kierkegaard la ética es la reflexión filosófica de la moral, es decir, que es la reflexión que cada uno de nosotros hacemos frente a una situación que se nos presenta y la estructura de valores que tenemos; por ejemplo, cuando encontramos un billete de $10.000 en la calle lo más común es que lo guardemos para nosotros y nunca nos preguntamos de quien era el dinero ni mucho menos por qué tomamos algo que no nos pertenece simplemente porque lo encontramos; otro ejemplo es el padre que roba comida para sus hijos, que es el extremo de las motivaciones humanas, pero que se desdibuja cuando los padres ponen a los hijos – desde bebés – a trabajar en los semáforos para lograr el diario para vivir.
La moral la construimos todos pero nunca nos hemos sentado a hacerlo. Antes la religión nos daba un punto de partida como los mandamientos, después la constitución nacional nos planteó una moral pública fundamentada en los derechos del ciudadano, pero al final nunca nos hemos puesto de acuerdo en los valores que queremos tener ni mucho menos en los que necesitamos. Y aún estamos enredados en “ganar el pan con el sudor de nuestras frentes” y esperar que “nos den el pan de cada día”. Lo que sin duda nos llevar a esperar a que Dios no se lo pague.
Paralelamente, la confianza intenta tejer en estos vacios redes de cooperación entre las personas, partiendo del supuesto que a mayor confianza más facilidad en las relaciones personales, pero el Colombia la tasa de confianza interpersonal no alcanza el 20%, lo que significa que solamente el 20% de la población confía en su prójimo; lo que evidentemente causa que un acuerdo de palabra sea inexistente y que los contratos comerciales tengan por lo general más de dos páginas de cláusulas, que incluyen clausulas de manejo de conflictos.
Adicionalmente, en diversos estudios como los continuos de Invamer-Gallup, se demuestra que más de la mitad de la población no confía en las instituciones, lo que causa que la opinión pública siempre tenga una visión negativa de los dirigentes; aunque es que es natural que no confiemos en las instituciones democráticamente electas, ya que cada persona solamente pone su voto por una persona y se eligen varias, por ende, las personas solo confiarían en quien votaron.
En el Estudio Colombiano de Valores y sus diversas actualizaciones se puede apreciar que en un listado de valores tradicionales del llamado mundo libre (católico, democrático y capitalista), nuestra estructura de valores deseados es focalizada a los valores sociales y no a los económicos y productivos. Esto nos hace reflexionar sobre los valores que deseamos y los que necesitamos: lo colombianos queremos ser más responsables, más tolerantes, más generosos y más creyentes, mientras le damos menos importancia a ser independientes, ahorradores, perseverantes y determinados, y lo más llamativo es que listamos el trabajo como el último valor deseado.
Esto nos deja una serie de reflexiones profundas sobre nuestra colombianidad. Queremos que las cosas nos lleguen por las relaciones sociales y buscamos evadir la responsabilidad y hacer las cosas nosotros mismos. Por esto instituciones como Dios, Patria y Hogar son fundamentales para el colombiano ya que en ellas delegamos nuestras responsabilidades como el empleo. El colombiano, en general, no ha dado el paso a ser responsable de sus actos y por ende de sus logros, y el mejor ejemplo de esto es que admiramos a aquellos que sí lo han hecho como Juanes o los dueños de Servientrega.
¿Qué valores tenemos?, eso es simple de contestar pero difícil de asumir. En teoría se nos han inculcado los valores católicos, democráticos y capitalistas, y es aquí donde las cosas se complican, porque el “no codiciar los bienes ajenos” riñe directamente con el libre mercado y “no robar” es inexplicable en un sistema político permeado por la corrupción.
Los valores los formamos en general hasta los 15 años y después no tenemos variaciones importantes en estos campos, como lo afirma Inglehart. En esos primeros años de vida aprendemos que es lo bueno y lo malo, y comprendemos lo bueno que tiene lo malo y lo malo que tiene lo bueno. Entonces, por esto se puede seguir hacia dónde van los valores de los colombianos.
Hoy el colombiano promedio tiene cerca de 30 años, entonces los valores que hoy priman son aquellos que fueron inculcados a la población entre 1979 y 1999, es decir, en período del cambio constitucional, ruptura de los partidos tradicionales, de negociaciones de paz, de narcotráfico, de secuestros. Una época donde el dinero fácil se acentuó en la sociedad logrando que las personas consiguieran ser ricas en poco tiempo sin importar lo que pase con los demás. Y este es el valor que trasciende a la población: ganar fácil, ser el primero.
En esta época se dan dos fenómenos muy importantes. Primero, que la formación se delega a la sociedad, a los amigos y a los colegios, alejando a la familia de este proceso ante la necesidad de ambos padres de ser fuentes de ingresos para el hogar, debido a la falta de oportunidades del sistema. De aquí surge mucho del fundamento de ser el primero, ya que al haber pocas oportunidades, el que llegue primero las puede tomar, y entre más rápido mejor.
Segundo, la entrada en vigor del FENOVAL, concepto planteado por John Sudarsky, que significa que el colombiano tiene FE en información NO VALidada; es decir que creemos todo lo que nos digan, porque es más fácil aceptar las verdades a medias que confrontar lo que nos dicen con otras fuentes.
El colombiano por alguna razón que no es fácilmente comprensible busca siempre ser el primero y por eso admira a los que logran, y está dispuesto a hacer lo que sea para lograrlo, bajo argumentos como “no se debe pero se puede”, “otros lo hacen” y la tenebrosa frase “¿o qué, usted me lo va impedir?”. Esta dinámica social se entroniza desde que el Gobierno ha puesto un sin número de normas sin aplicarlas y llevándolas siempre a algún tipo de amnistías que al final burlan el espíritu de la norma, entonces el ciudadano siente que hay muchas normas y que no tiene que cumplirlas.
Esto hace que el colombiano católico-secular que hoy conocemos cuando llega frente a una situación de violar una norma no haga un ejercicio racional de costo beneficio ante el castigo por infligir la norma (rational choice), o busque una segunda mejor opción, ni mucho menos que asuma que el logro de un beneficio menor individual logra un mayor beneficio colectivo, como plantearía John Nash; por el contrario lo que hace es un análisis de riesgo: si violo la norma pueden atraparme o no; si me atrapan pueden sancionarme o no; si me sancionan puedo cumplir la sanción o no; si cumplo la sanción gano más al cometer el delito o no.
Este juego hace que el colombiano sea fuertemente individualista y vea las normas como un laberinto de obstáculos que debe evadir para lograr su meta de ser el primero, incluso ser el primero en llegar al semáforo en rojo, o parar el bus en cualquier lado para no hacer fila o hacer doble fila para girar.
Estos fenómenos no surgen de la competencia deportiva que busca premiar a los mejores, más parece que surge del reconocimiento social donde ser el primero es fundamental. El colombiano buscar ser el primero y estar con los primeros, desafortunadamente esto no significa ser los mejores y estar con los mejores.
Al final cada vez más el colombiano, que creció en un época de violencia, narcotráfico, se parece cada vez más Lazarillo de Tormes, un ladino como afirma Emilio Yunis, que hace todo por vivir cómodamente, con poco trabajo y mantenido por alguien. Los valores que nos quedan son los familiares, ya que aquí no han llegado estos fenómenos tan profundamente, ya que la familia es el punto base de las personas y su lugar más confortable, donde siempre se le justificarán sus acciones pese a ser erradas.
¿Qué hacer?, algunos planean la redacción de un nuevo Manual de Carreño, otros piden el rol de las familias y otros claman por autoridad, la verdad es que el cambio parte de cada uno, al darnos cuenta que no tenemos que ser los primeros sino los mejores y esa es la fase posterior a la cultura ciudadana: lograr que hagamos las cosas que quisiéramos que nuestros hijos hicieran y así saber qué es lo correcto y no lo fácil. Recordando siempre que la vida es lo primero.
domingo 21 de junio de 2009
¡IMPUESTOS NO!, El Espectador
Domingo 21 de junio de 2009
Consumiendo
¡IMPUESTOS NO!
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
El consumo comienza a recuperarse. Situaciones como la reducción de tasas de banco central, más no de los créditos de consumo; la inflación cero de Mayo, que no fue otra cosa que la reducción del gobierno del precio de la gasolina mitigando el aumento de la papa; y la llegada de la prima servirá para pagar deudas y darse algunos gusticos.
Pero mientras el Banco de la República sigue bajando tasas, la gasolina permanece estable, las marcas aplican toda su creatividad para continuar de líderes en el mercado y las cadenas comienzan la guerra precios para capturar la prima, el gobierno central habla de impuesto de seguridad democrática a la clase media, la reforma tributaria departamental propone impuesto a las gaseosas y las aguas, y para mejorar el escenario se informa que el gobierno no está financiado.
Esto causa que el consumidor vea una nueva preocupación en el horizonte. Primero fueron las altas tasas, después la inflación y ahora nuevos impuestos a las compras y al ingreso, después de un sin número de normatividades de contracción de consumo. Lo que lleva a que el consumidor comprenda que habrá una nueva contracción de capacidad de compra y que el debate del aumento del salario mínimo a final de año será tan difícil como el anterior.
¿Por qué siempre al consumo?, creo que es momento de comprender que la demanda interna es la que mantiene el equity de las marcas y cerca del 70% de sus utilidades, y si no se dinamiza este mercado y Venezuela y Ecuador siguen reduciendo exportaciones, la industria no se recuperará.
Sin duda es un tanto imprudente hablar de impuestos a la demanda en un momento de contracción aunque el gobierno debe financiar su operación. Es momento de llevar la austeridad al gasto, buscar formas de financiamiento claras y no estar pensando en pequeñas reformas cada vez que aparece un hueco en el fisco.
Hoy el consumidor necesita mejores tasas, menos inflación y más capacidad de compra o de lo contrario comenzará a hacer grandes recortes de consumo en bienes necesarios y eso empobrece la población y por ende al mismo gobierno. Ya es hora que este gobierno tenga políticas claras de fomento al consumo interno de la mayoría de la población, y no reducción de tasas para la compra de vehículos.
Consumiendo
¡IMPUESTOS NO!
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
El consumo comienza a recuperarse. Situaciones como la reducción de tasas de banco central, más no de los créditos de consumo; la inflación cero de Mayo, que no fue otra cosa que la reducción del gobierno del precio de la gasolina mitigando el aumento de la papa; y la llegada de la prima servirá para pagar deudas y darse algunos gusticos.
Pero mientras el Banco de la República sigue bajando tasas, la gasolina permanece estable, las marcas aplican toda su creatividad para continuar de líderes en el mercado y las cadenas comienzan la guerra precios para capturar la prima, el gobierno central habla de impuesto de seguridad democrática a la clase media, la reforma tributaria departamental propone impuesto a las gaseosas y las aguas, y para mejorar el escenario se informa que el gobierno no está financiado.
Esto causa que el consumidor vea una nueva preocupación en el horizonte. Primero fueron las altas tasas, después la inflación y ahora nuevos impuestos a las compras y al ingreso, después de un sin número de normatividades de contracción de consumo. Lo que lleva a que el consumidor comprenda que habrá una nueva contracción de capacidad de compra y que el debate del aumento del salario mínimo a final de año será tan difícil como el anterior.
¿Por qué siempre al consumo?, creo que es momento de comprender que la demanda interna es la que mantiene el equity de las marcas y cerca del 70% de sus utilidades, y si no se dinamiza este mercado y Venezuela y Ecuador siguen reduciendo exportaciones, la industria no se recuperará.
Sin duda es un tanto imprudente hablar de impuestos a la demanda en un momento de contracción aunque el gobierno debe financiar su operación. Es momento de llevar la austeridad al gasto, buscar formas de financiamiento claras y no estar pensando en pequeñas reformas cada vez que aparece un hueco en el fisco.
Hoy el consumidor necesita mejores tasas, menos inflación y más capacidad de compra o de lo contrario comenzará a hacer grandes recortes de consumo en bienes necesarios y eso empobrece la población y por ende al mismo gobierno. Ya es hora que este gobierno tenga políticas claras de fomento al consumo interno de la mayoría de la población, y no reducción de tasas para la compra de vehículos.
QUEREMOS PRESIDENTE, El Nuevo Siglo
Sábado 20 de junio de 2009
Asimetrías
QUEREMOS PRESIDENTE
Por Camilo Herrera Mora
Como “uribista reflexivo” me he puesto a pensar sobre el tema de la tercera elección de Uribe, y en el camino se han presentado una serie de hechos que me tienen pensando diversas cosas.
Sin duda los logros de este gobierno son evidentes en materia de lucha contra la subversión y desmovilización paramilitar, algo confusos en materia económica y realmente pobres en materia de institucionalidad.
La seguridad democrática es un éxito y tiene a las FARC en un cambio total de escenario, pero la violencia en las ciudades se ha incrementado como consecuencia de las desmovilizaciones, el desempleo y la falta de oportunidades.
La economía creció muy bien durante muchos años gracias a la inversión local y extranjera y a las exportaciones, pero desafortunadamente esto no generó empleo ni dinamizó el consumo, el cual hoy pasa por épocas muy difíciles, y redujo la capacidad de compra de los hogares.
Desafortunadamente los concejos comunales redujeron los avances en descentralización, los escándalos en los legislativos mermaron la poca imagen de estas instituciones y la infiltración del narcotráfico en DAS, dejan el país con la institucionalidad fracturada y con poco horizonte.
¿Por qué pasó esto?, según algunos con quienes he hablado ese es el resultado de un gobierno revanchista por estar gobernado por una víctima del conflicto, se dice que han tomado la violencia como un tema epidémico, otros afirman que el tema es defender al sector privado sin importar los costos institucionales, algunos más osados dicen que todo el gobierno está buscando la forma de quedarse en el poder.
Quizá tengan en parte razón y eso me hace pensar que quizá hemos tenido ministro de defensa en vez de tener presidente; sin duda este gobierno quedo sin brújula desde la muerte de Londoño, pero los demás ministerios no tiene mucho que mostrar, donde lo poco rescatable es la cobertura en educación, porque el resto de los indicadores sociales no han cambiado significativamente: aun existe una gran deficiencia en vivienda, en acceso a salud, en creación de empleo, en imagen internacional.
Por eso, creo que es momento de volver a tener presidente; que trabaje mucho pero en todos los temas; que descanse para estar lucido; que no domine todos los temas para que escuche a los expertos; que logre consensos con las minorías; que quiera gobernar y no tener el poder. Descanse Presidente, se lo merece.
Colombianada: el país se simplificó. Solo hay uribistas y antiuribistas. Otra posición no es aceptada.
Colombiador.blogspot.com
Asimetrías
QUEREMOS PRESIDENTE
Por Camilo Herrera Mora
Como “uribista reflexivo” me he puesto a pensar sobre el tema de la tercera elección de Uribe, y en el camino se han presentado una serie de hechos que me tienen pensando diversas cosas.
Sin duda los logros de este gobierno son evidentes en materia de lucha contra la subversión y desmovilización paramilitar, algo confusos en materia económica y realmente pobres en materia de institucionalidad.
La seguridad democrática es un éxito y tiene a las FARC en un cambio total de escenario, pero la violencia en las ciudades se ha incrementado como consecuencia de las desmovilizaciones, el desempleo y la falta de oportunidades.
La economía creció muy bien durante muchos años gracias a la inversión local y extranjera y a las exportaciones, pero desafortunadamente esto no generó empleo ni dinamizó el consumo, el cual hoy pasa por épocas muy difíciles, y redujo la capacidad de compra de los hogares.
Desafortunadamente los concejos comunales redujeron los avances en descentralización, los escándalos en los legislativos mermaron la poca imagen de estas instituciones y la infiltración del narcotráfico en DAS, dejan el país con la institucionalidad fracturada y con poco horizonte.
¿Por qué pasó esto?, según algunos con quienes he hablado ese es el resultado de un gobierno revanchista por estar gobernado por una víctima del conflicto, se dice que han tomado la violencia como un tema epidémico, otros afirman que el tema es defender al sector privado sin importar los costos institucionales, algunos más osados dicen que todo el gobierno está buscando la forma de quedarse en el poder.
Quizá tengan en parte razón y eso me hace pensar que quizá hemos tenido ministro de defensa en vez de tener presidente; sin duda este gobierno quedo sin brújula desde la muerte de Londoño, pero los demás ministerios no tiene mucho que mostrar, donde lo poco rescatable es la cobertura en educación, porque el resto de los indicadores sociales no han cambiado significativamente: aun existe una gran deficiencia en vivienda, en acceso a salud, en creación de empleo, en imagen internacional.
Por eso, creo que es momento de volver a tener presidente; que trabaje mucho pero en todos los temas; que descanse para estar lucido; que no domine todos los temas para que escuche a los expertos; que logre consensos con las minorías; que quiera gobernar y no tener el poder. Descanse Presidente, se lo merece.
Colombianada: el país se simplificó. Solo hay uribistas y antiuribistas. Otra posición no es aceptada.
Colombiador.blogspot.com
VIENE EL CONSUMIDOR RESPONSABLE, La Republica
VIENE EL CONSUMIDOR RESPONSABLE
Por Camilo Herrera Mora
Especial para La República
Junio de 2009
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
Hace dos semanas Transparencia Internacional publicó su Barómetro Global de Corrupción, abriendo nuevamente el debate sobre el peso de las trampas en las economías mundiales. Más en este informe se abre un nuevo concepto: el consumidor responsable.
Según el informe “El Barómetro preguntó a los encuestados si estaban dispuestos a pagar una cantidad adicional para comprar a “compañías sin corrupción”. La mitad de los encuestados respondió en forma afirmativa. El mensaje que transmiten los consumidores al sector privado es claro: la transparencia tiene recompensas.” Esta pregunta evidentemente cae en la trampa del “deber ser” en su respuesta, pero deja ver que el tema ya es sensible para muchos en el planeta.
Según el informe, la población de más de 30 países no está dispuesta a pagar de más por una empresa que no soborne, lo cual es lógico, ya que se asume que esto es así, porque el cumplimiento de las normas no debe ser un sobre costo para el usuario final.
En este escenario, Colombia ocupa un puesto medio, ya que el 59% de los encuestados afirman que están dispuestos a pagar de más por una empresa “decente”. Evidentemente no se informa que tanto de más, ni mucho menos si efectivamente no lo ha hecho, pero es destacable que 6 de cada 10 colombianos podrían estar pensando así.
¿Qué nos deja esto?, que el consumidor con posición viene escalando fuertemente en el mercado y que los esquemas de sellos de certificación hacen que el consumidor reflexione cada vez más sobre los productos que consume. Sin duda, falta mucho para que el consumidor analice contenidos grasos, cumplimiento de RSE o etiquetado de calidad, pero lentamente exige que los productos tengan más certificaciones.
Este primer fenómeno es importante porque está implantando en el consumidor la exigencia de calidad, servicio, ecología y responsabilidad legal y social, más no por un mayor precio o una tasa de cumplimiento, por el contrario, el consumidor asume esto como insumos de carácter obligatorio como un precio justo o una garantía de satisfacción.
Cada día más el consumidor exigirá y segmentará el mercado entre los productos que cumplen con las normas y los que no, seguido de un proceso de exigencia a las cadenas, que por ser punto de venta, deban exigir esto a sus proveedores y así sucesivamente, logrando que el mercado sea ajustado a las normas. Lo que es incomprensible, ya que deberían ser las mismas empresas y el estado quienes garanticen esto.
Un buen ejemplo de estos procesos fue la eliminación de los cloroflurocarbonados – CFC – que estaban presentes en muchos aerosoles a comienzos de los noventa. Lo que demuestra que el etiquetado funciona, si y solo si, se define como un supuesto diferenciador de los productos y no como un sobre costo, ya que esto sería absolutamente inmoral.
Por Camilo Herrera Mora
Especial para La República
Junio de 2009
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
Hace dos semanas Transparencia Internacional publicó su Barómetro Global de Corrupción, abriendo nuevamente el debate sobre el peso de las trampas en las economías mundiales. Más en este informe se abre un nuevo concepto: el consumidor responsable.
Según el informe “El Barómetro preguntó a los encuestados si estaban dispuestos a pagar una cantidad adicional para comprar a “compañías sin corrupción”. La mitad de los encuestados respondió en forma afirmativa. El mensaje que transmiten los consumidores al sector privado es claro: la transparencia tiene recompensas.” Esta pregunta evidentemente cae en la trampa del “deber ser” en su respuesta, pero deja ver que el tema ya es sensible para muchos en el planeta.
Según el informe, la población de más de 30 países no está dispuesta a pagar de más por una empresa que no soborne, lo cual es lógico, ya que se asume que esto es así, porque el cumplimiento de las normas no debe ser un sobre costo para el usuario final.
En este escenario, Colombia ocupa un puesto medio, ya que el 59% de los encuestados afirman que están dispuestos a pagar de más por una empresa “decente”. Evidentemente no se informa que tanto de más, ni mucho menos si efectivamente no lo ha hecho, pero es destacable que 6 de cada 10 colombianos podrían estar pensando así.
¿Qué nos deja esto?, que el consumidor con posición viene escalando fuertemente en el mercado y que los esquemas de sellos de certificación hacen que el consumidor reflexione cada vez más sobre los productos que consume. Sin duda, falta mucho para que el consumidor analice contenidos grasos, cumplimiento de RSE o etiquetado de calidad, pero lentamente exige que los productos tengan más certificaciones.
Este primer fenómeno es importante porque está implantando en el consumidor la exigencia de calidad, servicio, ecología y responsabilidad legal y social, más no por un mayor precio o una tasa de cumplimiento, por el contrario, el consumidor asume esto como insumos de carácter obligatorio como un precio justo o una garantía de satisfacción.
Cada día más el consumidor exigirá y segmentará el mercado entre los productos que cumplen con las normas y los que no, seguido de un proceso de exigencia a las cadenas, que por ser punto de venta, deban exigir esto a sus proveedores y así sucesivamente, logrando que el mercado sea ajustado a las normas. Lo que es incomprensible, ya que deberían ser las mismas empresas y el estado quienes garanticen esto.
Un buen ejemplo de estos procesos fue la eliminación de los cloroflurocarbonados – CFC – que estaban presentes en muchos aerosoles a comienzos de los noventa. Lo que demuestra que el etiquetado funciona, si y solo si, se define como un supuesto diferenciador de los productos y no como un sobre costo, ya que esto sería absolutamente inmoral.
OYENDO A FAJARDO, El Nuevo Siglo
Sábado 13 de junio de 2009
Asimetrías
OYENDO A FAJARDO
Por Camilo Herrera Mora
Las cosas toca vivirlas para contarlas. Tuve la oportunidad de estar cerca de dos horas con Sergio Fajardo oyendo su concepto sobre lo que ha pasado en Colombia y lo que él cree se debe hacer para causar los cambios necesarios para mejorar la situación, y la verdad que no solo es sensato sino bastante simple de comprender.
El diagnóstico es dramático pero sencillo: la mayoría de la población creció con un serio problema de ausencia de oportunidades limitadas por una enorme violencia, donde el hacerse rico en poco tiempo y no darle a la vida ninguna importancia eran las reglas fundamentales. Esto se debe a que la ausencia de oportunidades causó que las personas pasaran por encima de la ley para lograr sus objetivos, llegando a la misma clase política, que se transformó en un sistema de corrupción, que al final se presenta como un ejemplo a seguir, donde el poder permite el acceso a la riqueza en el corto plazo.
Entonces, al final, son algunos políticos y sus acciones lo que se convierten en un paradigma negativo a seguir, donde fácilmente el fin justifica los medios; entonces si estos políticos son el ejemplo de la sociedad, es comprensible que no cumplamos las normas, ya que hasta estamos dispuestas a cambiarlas a nuestro favor, limitando las oportunidades de los demás.
Sobre esto, la solución evidentemente no es simple pero parte de establecer los fundamentos de la sociedad en una serie básica de principios no negociables como la vida, la honestidad y la participación, valores que se han perdido completamente en nuestra sociedad. Logrando que el político sea un ejemplo bueno a seguir, como en algunos casos se ha logrado. Porque el cambio es con ejemplo y educación.
¿Cómo hará Fajardo para cumplir esto?, la verdad no es fácil, pero si es claro que lo hizo en Medellín y pudo gobernar sin negociar con la clase política, lo cual demuestra que es posible. Además, este discurso lo lleva al fundamento de los problemas y no a sus consecuencias, que es básicamente de lo que hablan todos los otros candidatos a la presidencia, que no salen del tema de seguridad y empleo, sin darse cuenta que eso son los resultados de una política pública.
Colombianada: Mientras tanto todos los otros candidatos se definen como uribistas o antiuribistas.
Asimetrías
OYENDO A FAJARDO
Por Camilo Herrera Mora
Las cosas toca vivirlas para contarlas. Tuve la oportunidad de estar cerca de dos horas con Sergio Fajardo oyendo su concepto sobre lo que ha pasado en Colombia y lo que él cree se debe hacer para causar los cambios necesarios para mejorar la situación, y la verdad que no solo es sensato sino bastante simple de comprender.
El diagnóstico es dramático pero sencillo: la mayoría de la población creció con un serio problema de ausencia de oportunidades limitadas por una enorme violencia, donde el hacerse rico en poco tiempo y no darle a la vida ninguna importancia eran las reglas fundamentales. Esto se debe a que la ausencia de oportunidades causó que las personas pasaran por encima de la ley para lograr sus objetivos, llegando a la misma clase política, que se transformó en un sistema de corrupción, que al final se presenta como un ejemplo a seguir, donde el poder permite el acceso a la riqueza en el corto plazo.
Entonces, al final, son algunos políticos y sus acciones lo que se convierten en un paradigma negativo a seguir, donde fácilmente el fin justifica los medios; entonces si estos políticos son el ejemplo de la sociedad, es comprensible que no cumplamos las normas, ya que hasta estamos dispuestas a cambiarlas a nuestro favor, limitando las oportunidades de los demás.
Sobre esto, la solución evidentemente no es simple pero parte de establecer los fundamentos de la sociedad en una serie básica de principios no negociables como la vida, la honestidad y la participación, valores que se han perdido completamente en nuestra sociedad. Logrando que el político sea un ejemplo bueno a seguir, como en algunos casos se ha logrado. Porque el cambio es con ejemplo y educación.
¿Cómo hará Fajardo para cumplir esto?, la verdad no es fácil, pero si es claro que lo hizo en Medellín y pudo gobernar sin negociar con la clase política, lo cual demuestra que es posible. Además, este discurso lo lleva al fundamento de los problemas y no a sus consecuencias, que es básicamente de lo que hablan todos los otros candidatos a la presidencia, que no salen del tema de seguridad y empleo, sin darse cuenta que eso son los resultados de una política pública.
Colombianada: Mientras tanto todos los otros candidatos se definen como uribistas o antiuribistas.
martes 2 de junio de 2009
CREDITO SÍ, ¡REBAJAS NO!, El Espectador
Domingo 31 de mayo de 2009
Consumiendo
CREDITO SÍ, ¡REBAJAS NO!
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
Mientras el consumo en abril presentó una cifra negativa por primera vez en este siglo, el gobierno le sigue apuntando al subsidio de tasas de crédito para compra de vehículos y electrodomésticos, y a vivienda VIS y VIP, el comercio esta avocado a hacer rebajas.
Esta semana salió un dato del DANE que dice que los hipermercados redujeron sus ventas en -3,5% en el primer trimestre, corroborando la cifra de caída en el consumo para este periodo presentada por RADDAR. Ante esto los comerciantes se la juegan a dos estrategias: rebajas y liquidaciones, y bonos de recompra.
Sin duda la segunda es exitosa y causa lealtad del consumidor, pero la primera al final daña la marca, reducen los márgenes y muestra a la oferta desesperada por liquidar inventarios, y el comprador quiere comprar barato lo bueno y lo actual, y no lo que se está liquidando o parece estarlo.
Es momento de pensar el fomento al consumo de manera concreta. Si la idea es reducir tasas para bienes durables (sin vivienda) para evitar una reducción de empleo en el sector por la caída de la demanda, se deberían focalizar a bienes semidurables como el vestuario y el calzado que emplea industrialmente más personas, y que explica un tercio de la caída del empleo industrial, mientras vehículos solo aporta el 4% de la pérdida de puestos de trabajo.
Es lógico: si se fomenta el consumo de vestuario, se fomenta el empleo y el precio medio de compra es muy inferior al de un televisor, lo que hace que más gente pueda comprar y así mover la economía; pero no se aprovecha la oportunidad, ya que las compras de vestuario se hacen en efectivo y tarjeta de crédito, lo que causa que la reducción de tasas del banco central no estén llegando.
Es fundamental recuperar rápidamente el sector textil-confecciones, porque los centros comerciales – que básicamente son superficies de vestuario – están con caídas en ventas cercanas al 15% anual en todo el país, y esto afecta a muchos sectores; y evidentemente la solución de las rebajas en sector causa que el comprador no compre y mucho menos con la experiencia de precios estables los últimos 4 años.
El gobierno y los gremios deben reaccionar, creando un esquema de crédito para compra de ropa, o de lo contrario el empleo que se crea en construcción no podrá recuperar ni Antioquia ni Santander ni mucho menos en Bogotá. Por eso a comprar ropa, que es muy buena y esta barata.
Consumiendo
CREDITO SÍ, ¡REBAJAS NO!
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
Mientras el consumo en abril presentó una cifra negativa por primera vez en este siglo, el gobierno le sigue apuntando al subsidio de tasas de crédito para compra de vehículos y electrodomésticos, y a vivienda VIS y VIP, el comercio esta avocado a hacer rebajas.
Esta semana salió un dato del DANE que dice que los hipermercados redujeron sus ventas en -3,5% en el primer trimestre, corroborando la cifra de caída en el consumo para este periodo presentada por RADDAR. Ante esto los comerciantes se la juegan a dos estrategias: rebajas y liquidaciones, y bonos de recompra.
Sin duda la segunda es exitosa y causa lealtad del consumidor, pero la primera al final daña la marca, reducen los márgenes y muestra a la oferta desesperada por liquidar inventarios, y el comprador quiere comprar barato lo bueno y lo actual, y no lo que se está liquidando o parece estarlo.
Es momento de pensar el fomento al consumo de manera concreta. Si la idea es reducir tasas para bienes durables (sin vivienda) para evitar una reducción de empleo en el sector por la caída de la demanda, se deberían focalizar a bienes semidurables como el vestuario y el calzado que emplea industrialmente más personas, y que explica un tercio de la caída del empleo industrial, mientras vehículos solo aporta el 4% de la pérdida de puestos de trabajo.
Es lógico: si se fomenta el consumo de vestuario, se fomenta el empleo y el precio medio de compra es muy inferior al de un televisor, lo que hace que más gente pueda comprar y así mover la economía; pero no se aprovecha la oportunidad, ya que las compras de vestuario se hacen en efectivo y tarjeta de crédito, lo que causa que la reducción de tasas del banco central no estén llegando.
Es fundamental recuperar rápidamente el sector textil-confecciones, porque los centros comerciales – que básicamente son superficies de vestuario – están con caídas en ventas cercanas al 15% anual en todo el país, y esto afecta a muchos sectores; y evidentemente la solución de las rebajas en sector causa que el comprador no compre y mucho menos con la experiencia de precios estables los últimos 4 años.
El gobierno y los gremios deben reaccionar, creando un esquema de crédito para compra de ropa, o de lo contrario el empleo que se crea en construcción no podrá recuperar ni Antioquia ni Santander ni mucho menos en Bogotá. Por eso a comprar ropa, que es muy buena y esta barata.
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