febrero de 2010
¿GOOGLEABLE O WEBSIBLE?
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
Especial para P&M
En la actualidad mediciones como el rating, el marketshare o el ROI son muy importantes, pero cada vez más se abren espacio aquellas mediciones sobre el poder de la marca, mucho más allá del top of mind y el top of heart.
Me refiere a la presencia en la internet. Casi todas las empresas y muchas personas tienen su dominio en la red y tienen montado algún tipo de contenido en dicha dirección, ya sea una página de presentación, un portal, un sitio de comercio electrónico o un catálogo. Sin duda cada una de estas acciones es válida si es parte de una estrategia de mercadeo o de un plan de ventas, pero en sí misma no tiene sentido.
Estar en internet es fundamental, la pregunta es cómo. Por eso debemos preguntarnos si queremos ser googleables o si somos websibles. Perdonarán por el invento de términos que aporrean los lenguajes, pero sin duda son prácticos para la ocasión.
Ser googleable es simplemente ser “buscable” en la internet en los principales buscadores como google. En este caso se debe definir muy bien como se quiere aparecer, ya que esto significa acciones realmente diferentes. Por ejemplo un consultor experto en un tema querrá ser googleable por su nombre, su tema de pericia y como referencia en una fuente diferente a su misma página, ya que es mucho mejor ser el experto consultado por Times que el consultor que tiene su hoja de vida en un portal. Igualmente debe saber en qué páginas debe ser mencionado y que portales tener sus documentos de investigación, como revistas indexadas o en las páginas de noticias.
Este mismo análisis se aplica a los productos. Muchos productos no son websibles, ya que su presencia en la web no se refiere a su uso sino a su postconsumo, como es el caso de la ropa, que si bien puede tener catálogos en línea, se requiere una prueba para hacer una compra efectiva. Por esto muchos productos – sobre todo de alimentos – han usado sus dominios para mostrar sus contenidos calóricos y vitamínicos según las normas de la FAA y para crear comunidades de consumidores, mientras que los consumidores han creado comunidades paralelas para criticar productos.
Ser websible se refiere a tener un dominio, un contenido, una comunidad y una relación comercial directa con el usuario; por ejemplo un banco es altamente websible, mientras que un concierto no lo es.
Es fundamental comprender si se quiere ser googleable a ser websible, porque al poner su marca en el buscador y que las búsquedas lo lleven a su dominio, eso es simplemente usar al buscador como unas páginas amarillas para que lo puedan encontrar, pero si comprende que en el buscador su marca o su nombre va a ser referido más allá de su “dominio” es apuntarle a la potencialidad de la internet, ya que el buscador dirá cual es su página, se facebook, su twitter, su blog, pero lo mostrará en periódicos, entrevistas, referencias, en páginas y blogs de otros, lo que hace que su marca trascienda más allá de su control. Esto sin duda es un cuchillo de doble filo, ya que estar expuesto permite la referencia positiva y la crítica destructiva.
Por esto es que las comunicaciones de las marcas deben ver la internet no como un medio más sino como la convergencia de la mayoría de los medios, al punto de ser como un review global de la marca y no como una página para posicionarse. Debemos pasar la frontera del análisis simple y reconocer que el consumidor cada vez tiene más información y más capacidad de acceso a la misma, y que tan pronto decimos que somos los mejores en algo, él intentará validarlo, y quizá al verse engañado pueda construir información crítica de la marca, que en forma de marketing viral puede destruir cualquier estrategia.
Por esto es muy importante comprender que la información que podemos controlar y su forma de presentación on line debe ser parte de una estrategia global de la marca no una estrategia en si misma. Por eso debemos ser websibles y googleable, porque de que sirve una gran página sin nadie la menciona en otro lado.
sábado, 20 de febrero de 2010
EL TRADE MARKETING: ¿UN VACIO MÁS ENTRE LA ESTRETEGIA Y SHOPPER?, Revista P&M
EL TRADE MARKETING: ¿UN VACIO MÁS ENTRE LA ESTRETEGIA Y SHOPPER?
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
Especial para P&M
Enero de 2010
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
Para una empresa grande, con grandes marcas y una fuerte penetración en canales de distribución su presupuesto de mercadeo estratégico puede ser superior a los miles de millones de pesos y curiosamente todo ese esfuerzo depende que en el momento de verdad, la impulsadora o la disposición de la promoción en el canal, es decir de una persona con un sueldo bajo o de recordar poner en los lineales un tropezones
Lógicamente los “trade” como ya comúnmente los llamamos son los responsables de la efectividad del punto de venta, pero sin querer se convierten en un escaño más entre el vicepresidente de mercadeo y el comprador. Hoy la distancia entre los dos es tan grande que con toda seguridad ambos se desconocen mutuamente.
El trade debería ser mucho más activo en su relación con el consumidor para terminar siendo el canal de retroalimentación del momento de verdad para la empresa, pero aún estamos muy lejos de comprender que los resultados no son lo importante sino sus causas y consecuencias.
El trade conoce a su comprador pero no lo reconoce. Es necesario aprovechar las herramientas tácticas de trade marketing en doble sentido; por ejemplo, esa misma impulsadora puede hablar con los compradores sobre muchas cosas e indagar por el momento de verdad y la importancia de evento promocional. Debemos dar el paso de conocer a reconocer, a consultar, a visualizar y darle importancia a cada comprador de nuestros productos, porque la final son sus razonamientos los que fundamentan el consumo de nuestros productos.
Sin duda el marketshare es fundamental, lo mismo que las metas de ventas y el margen, pero todas esta son consecuencias del reconocimiento de las causas y consecuencias. Los indicadores indican no explican.
Hoy el shopper está lejos de la estrategia y solo se consulta por medio de pruebas de productos, encuestas, estudios y comunidades virtuales, y muchas veces se nos olvida ver cómo cambian sus opiniones al usar los productos; muy rara vez cuando he recibido una degustación me han preguntado de manera científica como me pareció, simplemente por el objetivo es vender más no conocer la aceptación del producto.
Evidentemente esto en la tienda de barrio es casi un imposible, pero curiosamente el tendero si hace ese ejercicio con sus clientes leales, actuando de manera espontanea como un trade de todas las marcas, pero logra hacer un CRM que le permite entender que pasa y así mantener a sus clientes tranquilos y sus ingresos fluyendo.
No se puede permitir que el trade se convierta en un simple negociador con las cadenas o un guerrillero táctico en punto de venta, debe ser un canal de doble vía con el shopper: lograr que compre y saber por qué lo hace y qué hacer para que vuelva a comprar. El trade debe ser la solución no un vacio más.
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
Especial para P&M
Enero de 2010
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
Para una empresa grande, con grandes marcas y una fuerte penetración en canales de distribución su presupuesto de mercadeo estratégico puede ser superior a los miles de millones de pesos y curiosamente todo ese esfuerzo depende que en el momento de verdad, la impulsadora o la disposición de la promoción en el canal, es decir de una persona con un sueldo bajo o de recordar poner en los lineales un tropezones
Lógicamente los “trade” como ya comúnmente los llamamos son los responsables de la efectividad del punto de venta, pero sin querer se convierten en un escaño más entre el vicepresidente de mercadeo y el comprador. Hoy la distancia entre los dos es tan grande que con toda seguridad ambos se desconocen mutuamente.
El trade debería ser mucho más activo en su relación con el consumidor para terminar siendo el canal de retroalimentación del momento de verdad para la empresa, pero aún estamos muy lejos de comprender que los resultados no son lo importante sino sus causas y consecuencias.
El trade conoce a su comprador pero no lo reconoce. Es necesario aprovechar las herramientas tácticas de trade marketing en doble sentido; por ejemplo, esa misma impulsadora puede hablar con los compradores sobre muchas cosas e indagar por el momento de verdad y la importancia de evento promocional. Debemos dar el paso de conocer a reconocer, a consultar, a visualizar y darle importancia a cada comprador de nuestros productos, porque la final son sus razonamientos los que fundamentan el consumo de nuestros productos.
Sin duda el marketshare es fundamental, lo mismo que las metas de ventas y el margen, pero todas esta son consecuencias del reconocimiento de las causas y consecuencias. Los indicadores indican no explican.
Hoy el shopper está lejos de la estrategia y solo se consulta por medio de pruebas de productos, encuestas, estudios y comunidades virtuales, y muchas veces se nos olvida ver cómo cambian sus opiniones al usar los productos; muy rara vez cuando he recibido una degustación me han preguntado de manera científica como me pareció, simplemente por el objetivo es vender más no conocer la aceptación del producto.
Evidentemente esto en la tienda de barrio es casi un imposible, pero curiosamente el tendero si hace ese ejercicio con sus clientes leales, actuando de manera espontanea como un trade de todas las marcas, pero logra hacer un CRM que le permite entender que pasa y así mantener a sus clientes tranquilos y sus ingresos fluyendo.
No se puede permitir que el trade se convierta en un simple negociador con las cadenas o un guerrillero táctico en punto de venta, debe ser un canal de doble vía con el shopper: lograr que compre y saber por qué lo hace y qué hacer para que vuelva a comprar. El trade debe ser la solución no un vacio más.
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Comercio,
Marketing,
Revista Publicidad y Mercadeo
EL 2.009, UN CASO DE ESTUDIO: SALE YEAR, Revista P&M
EL 2.009, UN CASO DE ESTUDIO: SALE YEAR
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
Especial para P&M
camiloherrera@raddar.net
Sin duda 2.009 será recordado en los anales del mercadeo como uno de los años más difíciles y con mayores retos de creatividad para satisfacer al consumidor.
Algunos dirán que el año comenzó desde el desplome financiero de septiembre de 2.008, pero para Colombia más parece que comenzó con las compras de navidad de ese año, ya que los hogares se sintieron fuertemente afectados por los rumores de crisis por parte de los medios de comunicación y los despidos efectivos que se dieron en noviembre, y usaron la tradición navideña para comprar regalos que fueran “útiles” para la temporada escolar.
Esto desembocó en que la temporada escolar comenzará desde diciembre del año anterior, y que por ende la temporada escolar a finales de enero y comienzo de febrero fueran muy débiles en ventas, al punto de comenzar con los esquemas promocionales como la reposición de morrales. Y este fue el punto de partida al “sale year”.
2.009 es el “sale year”: es un año donde las promociones dominaron la oferta comercial. Esto se fundamento en la sensación de crisis, el aumento del salario mínimo igual a la inflación causada, los despidos, la deserción escolar y la contracción de los precios de los alimentos, todo esto desembocó en un gran nerviosismo en el mercado que presenció un congelamiento de precios en el mercado durante casi todo el año, por la estabilidad del precio de la gasolina y la prudente demanda de productos; a esto se sumo el cierre de las fronteras comerciales de Venezuela y Ecuador, que dejo a la industria llena de inventario y con la necesidad de liquidarlo y reducir la planta de personal. Todos estos efectos, sumados a la caída en las remesas por la crisis global y la revaluación de la moneda.
Entonces mientras el mercado mantenía los precios, la capacidad de compra personal se mantenía, pero la de la economía se reducía ya que habían menos recursos en el entorno; por esto los comerciantes atacaron con la estrategia más peligrosa del mercado: promociones continuas para mantener el flujo de comercio, usando esquemas como los bonos de recompra (Everfit y Carrefour), el empaquetamiento 2x1 (Coca Cola – Alpina), empaquetamiento por uso (Alpina – Rica – Bimbo), descuento sobre precios por categorías (Pepe Ganga), empaques más pequeños (Postobón) y el aumento de la participación de la marca propias de las grandes cadenas desplazando las marcas comerciales, sobre todo en productos básicos de alimentos, aseo del hogar y personal.
Estas estrategias, que sin duda son efectivas, fueron confusas para el consumidor porque se dieron todas al mismo tiempo. Sobre todo se generó un problema de difícil solución para 2.010: los precios de referencia de los productos son menores por el efecto de las promociones, ya que el reducir el precio de un producto en un 10%,205 o 30% va a generar que cuando volvamos a comprar esto bienes nos parezcan caros.
Estos juegos tácticos liderados por las cadenas, entregando bonos de recompra con fechas definidas, se vio con mucha más profundidad a mitad de año con la batalla por la prima de nómina, que se sumo a un escenario de tres puentes festivos consecutivos; este “teatro de operaciones” causó que el consumidor comprará lo que faltaba de pequeños electrodomésticos y algunos gustos en aparatos de videos como televisores y home theater, dejando atrás las compras de vestuario para adultos, las marcas posicionadas en aseo del hogar y reduciendo su comida por fuera del hogar, que fue un segmento no se metió al juego promocional.
El objetivo de las cadenas era mantener el tráfico hacía sus corredores, bajo la premisa que más del 70% de las compras efectivas de definen en la góndola, pero este año el consumidor fue mucho más prudente y se dedico a comprar promociones como era de esperarse, causando ciclo vicioso dentro de las cadenas que se vieron obligadas a mantener ese ritmo, castigando a sus proveedores, reduciendo los márgenes de utilidad por producto, llevando a una reducción efectiva de las ventas por metro cuadrado en todo el país, más aún con la continua expansión de centros comerciales y nuevas tiendas, como ocurrió en el caso de Carrefour.
Fuente: RADDAR – Datos observados hasta 15 de noviembre de 2.009
El año acabó con la inflación por debajo del 3%, siendo esto un hecho histórico como también lo es la caída en las ventas de productos de los canales comerciales, sumando dos navidades consecutivas con números negativos.
El juego con las promociones tiene efectos irreversibles como la creación de un imaginario de precios de referencia bajo en los compradores, lo que desembocará en una sensación de inflación y de la aparición de frases como “!Que lugar tan caro!”, tan pronto los precios se ajusten.
Hay un efecto mucho más preocupante: la sensación de engaño en el consumidor. Cuando un comprador está acostumbrado a pagar $100 por un producto durante años, y ve que durante más de diez meses su producto puede estar al nivel de $90, se siente tumbado, y considera que el valor percibido por la satisfacción del consumo del bien ya no se justifica a un precio de $100.
Este efecto engaño al consumidor más la inevitable inflación en 2.010 causa un escenario muy complejo para la creatividad del mercadeo, que pasa de la fiesta del consumo en 2.005-2.007, el guayabo del consumo en 2.008 y Sale Year de 2.009, dejando pocas opciones de acción, ya que la economía aún no está recuperada pese a que la capacidad de compra ha crecido un poco. Sin duda lo que viene es un año del viejo mercadeo: bueno, bonito y barato.
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
Especial para P&M
camiloherrera@raddar.net
Sin duda 2.009 será recordado en los anales del mercadeo como uno de los años más difíciles y con mayores retos de creatividad para satisfacer al consumidor.
Algunos dirán que el año comenzó desde el desplome financiero de septiembre de 2.008, pero para Colombia más parece que comenzó con las compras de navidad de ese año, ya que los hogares se sintieron fuertemente afectados por los rumores de crisis por parte de los medios de comunicación y los despidos efectivos que se dieron en noviembre, y usaron la tradición navideña para comprar regalos que fueran “útiles” para la temporada escolar.
Esto desembocó en que la temporada escolar comenzará desde diciembre del año anterior, y que por ende la temporada escolar a finales de enero y comienzo de febrero fueran muy débiles en ventas, al punto de comenzar con los esquemas promocionales como la reposición de morrales. Y este fue el punto de partida al “sale year”.
2.009 es el “sale year”: es un año donde las promociones dominaron la oferta comercial. Esto se fundamento en la sensación de crisis, el aumento del salario mínimo igual a la inflación causada, los despidos, la deserción escolar y la contracción de los precios de los alimentos, todo esto desembocó en un gran nerviosismo en el mercado que presenció un congelamiento de precios en el mercado durante casi todo el año, por la estabilidad del precio de la gasolina y la prudente demanda de productos; a esto se sumo el cierre de las fronteras comerciales de Venezuela y Ecuador, que dejo a la industria llena de inventario y con la necesidad de liquidarlo y reducir la planta de personal. Todos estos efectos, sumados a la caída en las remesas por la crisis global y la revaluación de la moneda.
Entonces mientras el mercado mantenía los precios, la capacidad de compra personal se mantenía, pero la de la economía se reducía ya que habían menos recursos en el entorno; por esto los comerciantes atacaron con la estrategia más peligrosa del mercado: promociones continuas para mantener el flujo de comercio, usando esquemas como los bonos de recompra (Everfit y Carrefour), el empaquetamiento 2x1 (Coca Cola – Alpina), empaquetamiento por uso (Alpina – Rica – Bimbo), descuento sobre precios por categorías (Pepe Ganga), empaques más pequeños (Postobón) y el aumento de la participación de la marca propias de las grandes cadenas desplazando las marcas comerciales, sobre todo en productos básicos de alimentos, aseo del hogar y personal.
Estas estrategias, que sin duda son efectivas, fueron confusas para el consumidor porque se dieron todas al mismo tiempo. Sobre todo se generó un problema de difícil solución para 2.010: los precios de referencia de los productos son menores por el efecto de las promociones, ya que el reducir el precio de un producto en un 10%,205 o 30% va a generar que cuando volvamos a comprar esto bienes nos parezcan caros.
Estos juegos tácticos liderados por las cadenas, entregando bonos de recompra con fechas definidas, se vio con mucha más profundidad a mitad de año con la batalla por la prima de nómina, que se sumo a un escenario de tres puentes festivos consecutivos; este “teatro de operaciones” causó que el consumidor comprará lo que faltaba de pequeños electrodomésticos y algunos gustos en aparatos de videos como televisores y home theater, dejando atrás las compras de vestuario para adultos, las marcas posicionadas en aseo del hogar y reduciendo su comida por fuera del hogar, que fue un segmento no se metió al juego promocional.
El objetivo de las cadenas era mantener el tráfico hacía sus corredores, bajo la premisa que más del 70% de las compras efectivas de definen en la góndola, pero este año el consumidor fue mucho más prudente y se dedico a comprar promociones como era de esperarse, causando ciclo vicioso dentro de las cadenas que se vieron obligadas a mantener ese ritmo, castigando a sus proveedores, reduciendo los márgenes de utilidad por producto, llevando a una reducción efectiva de las ventas por metro cuadrado en todo el país, más aún con la continua expansión de centros comerciales y nuevas tiendas, como ocurrió en el caso de Carrefour.
Fuente: RADDAR – Datos observados hasta 15 de noviembre de 2.009
El año acabó con la inflación por debajo del 3%, siendo esto un hecho histórico como también lo es la caída en las ventas de productos de los canales comerciales, sumando dos navidades consecutivas con números negativos.
El juego con las promociones tiene efectos irreversibles como la creación de un imaginario de precios de referencia bajo en los compradores, lo que desembocará en una sensación de inflación y de la aparición de frases como “!Que lugar tan caro!”, tan pronto los precios se ajusten.
Hay un efecto mucho más preocupante: la sensación de engaño en el consumidor. Cuando un comprador está acostumbrado a pagar $100 por un producto durante años, y ve que durante más de diez meses su producto puede estar al nivel de $90, se siente tumbado, y considera que el valor percibido por la satisfacción del consumo del bien ya no se justifica a un precio de $100.
Este efecto engaño al consumidor más la inevitable inflación en 2.010 causa un escenario muy complejo para la creatividad del mercadeo, que pasa de la fiesta del consumo en 2.005-2.007, el guayabo del consumo en 2.008 y Sale Year de 2.009, dejando pocas opciones de acción, ya que la economía aún no está recuperada pese a que la capacidad de compra ha crecido un poco. Sin duda lo que viene es un año del viejo mercadeo: bueno, bonito y barato.
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Revista Publicidad y Mercadeo
¿Y LA RIQUEZA?, La Republica
Febrero 16 de 2010
¿Y LA RIQUEZA?
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
Especial para La República
Mucho se habla del aumento de salario, de productividad y de cambios de precios, pero la discusión de política económica no ha llegado a responder su pregunta fundamental: ¿ha aumentado la riqueza de los colombianos?
Es evidente que una economía crece inercialmente por su crecimiento poblacional, de manera endógena por aumentos de productividad y de manera exógena por sus conexiones con el comercio mundial, y es claro que en los últimos años la economía colombiana ha crecido de una manera importante. Desafortunadamente como los mismos indicadores del gobierno lo muestran, la reducción de pobreza y la redistribución del ingreso no han sido muy importantes.
Entonces queda la pregunta, ¿Dónde está la riqueza? Que el crecimiento de la economía se haya concentrado en unos grupos económicos no sería malo, si este aumento de capital se revierte en una mayor productividad y competitividad de la industria y por ende en mejores condiciones de mercado, pero los datos del crecimiento económico de empleo enfrentado al crecimiento del PIB tampoco son favorables.
Lo preocupante es que la riqueza del colombiano promedio no ha crecido. Tenemos un salario mínimo legal vigente que ha aumentado su capacidad de compra, pero no todos los asalariados han aumentado sus salarios en las mismas proporciones. Tentativamente se puede decir que la riqueza de un colombiano promedio está reflejado en el valor comercial de su vivienda y su ahorro pensional. Como es por todos conocido, estos indicadores no son los mejores en el mercado ya que en 2.008 sólo el 45% de los hogares colombianos tienen vivienda propia y más o menos el 6% la están pagando; lo llamativo es que en el 2.003 el 48% de los hogares tenían vivienda propia, pese a que hoy el 51% de los colombianos no se consideran pobres. (Cifras de la encuesta de calidad de vida del DANE)
Es muy llamativo ver como el discurso de pobreza y riqueza se ha centrado en el ingreso y no en la capacidad de acumulación de capital, lo cual desafortunadamente va en la misma dirección del comportamiento cultural de corto plazo que tenemos.
Debemos fomentar la creación de riqueza no de ingreso, ya que es el patrimonio el que permite una mayor movilidad de las clases sociales; es por esto que el colombiano ahorra por medio de créditos como el hipotecario y de vehículos, bajo la premisa de aumentar su capital para algún día ser dueño de su casa y su carro, y con eso poder apalancar los créditos que necesite para aumentar su bienestar, pero desafortunadamente el mercado está dedicado a aumentar el ingreso y llevar al consumidor a un esquema de compras de alta velocidad que reduce su propensión al ahorro.
Es momento de pensar en la riqueza, porque el balance de los hogares se está deteriorando y en cualquier momento los pasivos pueden llegar a ser iguales a los activos del hogar o más, y eso desembocará otra crisis como la de 1.999.
¿Y LA RIQUEZA?
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
Especial para La República
Mucho se habla del aumento de salario, de productividad y de cambios de precios, pero la discusión de política económica no ha llegado a responder su pregunta fundamental: ¿ha aumentado la riqueza de los colombianos?
Es evidente que una economía crece inercialmente por su crecimiento poblacional, de manera endógena por aumentos de productividad y de manera exógena por sus conexiones con el comercio mundial, y es claro que en los últimos años la economía colombiana ha crecido de una manera importante. Desafortunadamente como los mismos indicadores del gobierno lo muestran, la reducción de pobreza y la redistribución del ingreso no han sido muy importantes.
Entonces queda la pregunta, ¿Dónde está la riqueza? Que el crecimiento de la economía se haya concentrado en unos grupos económicos no sería malo, si este aumento de capital se revierte en una mayor productividad y competitividad de la industria y por ende en mejores condiciones de mercado, pero los datos del crecimiento económico de empleo enfrentado al crecimiento del PIB tampoco son favorables.
Lo preocupante es que la riqueza del colombiano promedio no ha crecido. Tenemos un salario mínimo legal vigente que ha aumentado su capacidad de compra, pero no todos los asalariados han aumentado sus salarios en las mismas proporciones. Tentativamente se puede decir que la riqueza de un colombiano promedio está reflejado en el valor comercial de su vivienda y su ahorro pensional. Como es por todos conocido, estos indicadores no son los mejores en el mercado ya que en 2.008 sólo el 45% de los hogares colombianos tienen vivienda propia y más o menos el 6% la están pagando; lo llamativo es que en el 2.003 el 48% de los hogares tenían vivienda propia, pese a que hoy el 51% de los colombianos no se consideran pobres. (Cifras de la encuesta de calidad de vida del DANE)
Es muy llamativo ver como el discurso de pobreza y riqueza se ha centrado en el ingreso y no en la capacidad de acumulación de capital, lo cual desafortunadamente va en la misma dirección del comportamiento cultural de corto plazo que tenemos.
Debemos fomentar la creación de riqueza no de ingreso, ya que es el patrimonio el que permite una mayor movilidad de las clases sociales; es por esto que el colombiano ahorra por medio de créditos como el hipotecario y de vehículos, bajo la premisa de aumentar su capital para algún día ser dueño de su casa y su carro, y con eso poder apalancar los créditos que necesite para aumentar su bienestar, pero desafortunadamente el mercado está dedicado a aumentar el ingreso y llevar al consumidor a un esquema de compras de alta velocidad que reduce su propensión al ahorro.
Es momento de pensar en la riqueza, porque el balance de los hogares se está deteriorando y en cualquier momento los pasivos pueden llegar a ser iguales a los activos del hogar o más, y eso desembocará otra crisis como la de 1.999.
DE ECONOMÍA, NADA, La Republica
Martes 9 de febrero de 2010
DE ECONOMÍA, NADA
Por Camilo Herrera Mora
Especial para La República
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
A 4 meses de la elección presidencial se intuye que no habrá un cambio significativo en las políticas económicas del país y que hasta no tener claridad sobre el próximo presidente de Colombia el mercado estará limitado en inversión extranjera y con los indicadores monetarios, bursátiles y cambiarios en un estado de letargo, ya que el mundo no tiene claro que en cualquiera de los escenarios de cambio presidencial en nuestro país no significan una encrucijada como la que tiene Perú, México o Brasil, sino la continuidad de la ortodoxia económica de los últimos gobiernos.
Ciertamente la independencia del Banco de la República, la flotabilidad del dólar y la inflexibilidad presupuestal y tributaria del país no dan un gran margen de cambio al próximo mandatario o mandataria; ya hoy se saben rumores sobre quienes serían los asesores económicos de los candidatos: Alejandro Gaviria con Sergio Fajardo, Juan Carlos Echeverry con Juan Manuel Santos, Roberto Jungito con Andrés Arias y Jaime Ruiz con Noemí Sanín, lo que indica que básicamente la ortodoxia macroeconómica está asegurada. Algo parecido pasaba con Juan Luis Londoño cuando escribia el programa de gobierno de Uribe, porque sabíamos que el tema sería la seguridad social, más no imaginábamos que su remplazo después de 7 históricos años de ministro declare una emergencia social y no renuncie.
Lo que no es claro y sin duda existen grandes diferencias en el cómo y no el que. Nadie está hablando de comercio exterior y los complejos TLC, la bomba pensional o la financiación de la seguridad democrática, porque esta campaña vive de silencios a voces mientras se define la suerte de Uribe.
Por eso exijo que comiencen a hablar de sus políticas económicas, de la forma de generar empleo, del juego de comercio exterior, de la financiación del estado y la sostenibilidad financiera de la seguridad democrática para mostrarle a sus electores como van a hacer las cosas y al mundo que las cosas en Colombia no van a cambiar sin importar quién sea el presidente; conocer su posición por la financiación de salud de los pobres con impuestos a los pobres y que algún día presenten un política clara sobre el consumo, ya que ese tema es la deuda histórica de nuestra política económica a la población, ya que hemos sido tan sólidos en lo macroeconómico que la redistribución de ingresos y el aumento del bienestar han sido capítulos olvidados y explicados como parte de los problemas estructurales del empleo.
Ya es momento que dejen de hablar de seguridad y de su posición sobre lo económico, decir como financiaran el estado, como apoyaran la oferta y como dinamizaran la demanda, porque las seguridad se logra cuando hay una riqueza relativamente distribuida.
DE ECONOMÍA, NADA
Por Camilo Herrera Mora
Especial para La República
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
A 4 meses de la elección presidencial se intuye que no habrá un cambio significativo en las políticas económicas del país y que hasta no tener claridad sobre el próximo presidente de Colombia el mercado estará limitado en inversión extranjera y con los indicadores monetarios, bursátiles y cambiarios en un estado de letargo, ya que el mundo no tiene claro que en cualquiera de los escenarios de cambio presidencial en nuestro país no significan una encrucijada como la que tiene Perú, México o Brasil, sino la continuidad de la ortodoxia económica de los últimos gobiernos.
Ciertamente la independencia del Banco de la República, la flotabilidad del dólar y la inflexibilidad presupuestal y tributaria del país no dan un gran margen de cambio al próximo mandatario o mandataria; ya hoy se saben rumores sobre quienes serían los asesores económicos de los candidatos: Alejandro Gaviria con Sergio Fajardo, Juan Carlos Echeverry con Juan Manuel Santos, Roberto Jungito con Andrés Arias y Jaime Ruiz con Noemí Sanín, lo que indica que básicamente la ortodoxia macroeconómica está asegurada. Algo parecido pasaba con Juan Luis Londoño cuando escribia el programa de gobierno de Uribe, porque sabíamos que el tema sería la seguridad social, más no imaginábamos que su remplazo después de 7 históricos años de ministro declare una emergencia social y no renuncie.
Lo que no es claro y sin duda existen grandes diferencias en el cómo y no el que. Nadie está hablando de comercio exterior y los complejos TLC, la bomba pensional o la financiación de la seguridad democrática, porque esta campaña vive de silencios a voces mientras se define la suerte de Uribe.
Por eso exijo que comiencen a hablar de sus políticas económicas, de la forma de generar empleo, del juego de comercio exterior, de la financiación del estado y la sostenibilidad financiera de la seguridad democrática para mostrarle a sus electores como van a hacer las cosas y al mundo que las cosas en Colombia no van a cambiar sin importar quién sea el presidente; conocer su posición por la financiación de salud de los pobres con impuestos a los pobres y que algún día presenten un política clara sobre el consumo, ya que ese tema es la deuda histórica de nuestra política económica a la población, ya que hemos sido tan sólidos en lo macroeconómico que la redistribución de ingresos y el aumento del bienestar han sido capítulos olvidados y explicados como parte de los problemas estructurales del empleo.
Ya es momento que dejen de hablar de seguridad y de su posición sobre lo económico, decir como financiaran el estado, como apoyaran la oferta y como dinamizaran la demanda, porque las seguridad se logra cuando hay una riqueza relativamente distribuida.
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TEXTILEROS EN CAMBIO, La Republica
TEXTILEROS EN CAMBIO
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
Sin lugar a dudas 2.010 es un año en que la industria textil colombiana tiene que poner en práctica lo que aprendió sobre su vulnerabilidad en exportaciones, el abandono de la base de la pirámide y la apuesta por el tipo de cambio, porque este año las condiciones no van a cambiar: Venezuela seguirá cerrada, Asia seguirá vendiendo a precios bajos y el peso se seguirá revaluando.
Por esto ante la pregunta del qué hacer, las respuestas son simples, y el sector está dispuesto a oírlas. Para contrarrestar el efecto del tipo de cambio, debemos luchar con variables competitivas reales de los productos y de las líneas de producción como el servicio, producciones flexibles y de baja producción, rotación de producto y sostenimiento de stock básico, con altos estándares de calidad en insumo y producto final, insertando una gama de creatividad y diseño que realmente nos diferencie de la competencia. Todos pueden hacer telas pero solo nosotros podemos hacer telas de estilo colombiano.
Los colombianos de ingresos bajos no pueden pagar mucho y por esto buscan productos baratos de baja calidad pero con un fuerte contenido de moda. Y ese es el espacio de China en el mercado, ya que es capaz de poner un pantalón en las tiendas de San Victorino, San Andresito y el Hueco a $15.000. Esta realidad más allá de reflejar desequilibrios de competitividad, deja ver que no hemos construido una línea de producción flanker para ellos, porque nos centramos en ser solamente un sector de talla mundial y olvidamos el mercado local que debería ser el mercado base que nos permita tener recursos para la producción de alta calidad exportable y satisfactoria para un mercado cada vez más dinámico y exigente. Sí podemos hacer productos baratos con alto contenido de moda y hacer cosas de alta calidad, todo es una cuestión de mercadeo segmentado.
Finalmente, hay que perderle el temor a exportar en barco y dejar de pensar en los camiones. El cierre del venezolano es una realidad como también lo es que estas exportaciones se puede sustituir. Un estudio del Observatorio de Moda de RADDAR-INEXMODA muestra como los 18 países de América Continental importan toda la canasta de exportaciones que hacemos a Venezuela. Evidentemente no es fácil entrar a esos mercados y la distancia aumenta los fletes, pero si mantenemos la premisa de “moda colombiana” con diseño y calidad, podemos competir en estos mercados. No debemos seguir dependiendo de un gran socio comercial que nos pueda desequilibrar rápidamente.
El mensaje es claro: tenemos con que para seguir adelante. Los productos y esquemas comerciales de grandes compradores, producciones básicas y competitividad por tipo de cambio son cosas del siglo “sin Asia y Africa” en el juego. Hoy el negocio se llama pequeña producción, diseño y servicio, y sin duda nuestra industria ya comenzó a cambiar.
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
Sin lugar a dudas 2.010 es un año en que la industria textil colombiana tiene que poner en práctica lo que aprendió sobre su vulnerabilidad en exportaciones, el abandono de la base de la pirámide y la apuesta por el tipo de cambio, porque este año las condiciones no van a cambiar: Venezuela seguirá cerrada, Asia seguirá vendiendo a precios bajos y el peso se seguirá revaluando.
Por esto ante la pregunta del qué hacer, las respuestas son simples, y el sector está dispuesto a oírlas. Para contrarrestar el efecto del tipo de cambio, debemos luchar con variables competitivas reales de los productos y de las líneas de producción como el servicio, producciones flexibles y de baja producción, rotación de producto y sostenimiento de stock básico, con altos estándares de calidad en insumo y producto final, insertando una gama de creatividad y diseño que realmente nos diferencie de la competencia. Todos pueden hacer telas pero solo nosotros podemos hacer telas de estilo colombiano.
Los colombianos de ingresos bajos no pueden pagar mucho y por esto buscan productos baratos de baja calidad pero con un fuerte contenido de moda. Y ese es el espacio de China en el mercado, ya que es capaz de poner un pantalón en las tiendas de San Victorino, San Andresito y el Hueco a $15.000. Esta realidad más allá de reflejar desequilibrios de competitividad, deja ver que no hemos construido una línea de producción flanker para ellos, porque nos centramos en ser solamente un sector de talla mundial y olvidamos el mercado local que debería ser el mercado base que nos permita tener recursos para la producción de alta calidad exportable y satisfactoria para un mercado cada vez más dinámico y exigente. Sí podemos hacer productos baratos con alto contenido de moda y hacer cosas de alta calidad, todo es una cuestión de mercadeo segmentado.
Finalmente, hay que perderle el temor a exportar en barco y dejar de pensar en los camiones. El cierre del venezolano es una realidad como también lo es que estas exportaciones se puede sustituir. Un estudio del Observatorio de Moda de RADDAR-INEXMODA muestra como los 18 países de América Continental importan toda la canasta de exportaciones que hacemos a Venezuela. Evidentemente no es fácil entrar a esos mercados y la distancia aumenta los fletes, pero si mantenemos la premisa de “moda colombiana” con diseño y calidad, podemos competir en estos mercados. No debemos seguir dependiendo de un gran socio comercial que nos pueda desequilibrar rápidamente.
El mensaje es claro: tenemos con que para seguir adelante. Los productos y esquemas comerciales de grandes compradores, producciones básicas y competitividad por tipo de cambio son cosas del siglo “sin Asia y Africa” en el juego. Hoy el negocio se llama pequeña producción, diseño y servicio, y sin duda nuestra industria ya comenzó a cambiar.
FUERON LOS COSTOS, ESTÚPIDO, La Republica
Martes 12 de enero de 2010
FUERON LOS COSTOS, ESTÚPIDO
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
El dato de inflación fue realmente impresionante: 2%. Esto más allá de mostrar una demanda prudente, deja ver una gran cantidad de evidencias de mercado muy importantes: muchas promociones, el rol de la gasolina en la canasta familiar, el poder del mercado mundial de alimentos en los hogares colombianos y las decisiones empresariales para mantener el mercado andando.
Mantener los precios bajos significa dos cosas: reducir costos y reducir las utilidades de las empresas. Ambos escenarios en el fondo significan afectar la productividad nacional y reducir la demanda laboral, como ha sido claramente reflejado en el aumento del desempleo en el país.
El mismo día que se informaba que el IPC era del 2% y muchos sectores nacionales salieron a reclamar dicho triunfo, también se publico del Índice de Precios al Productor – IPP con un dato mucho más sorprendente: los costos de producción de la oferta interna cayeron un -2,19%, pese al aumento salarial del 7,67%, lo que indica que también muchos insumos estaban sobrevalorados en el mercado y que de alguna manera el empresariado logro mantener un margen de rentabilidad de sus líneas de producción.
Para bienes consumibles los costos tuvieron un cambio de -0.22%, corroborando que la reducción de costos fue fundamental en la baja variación de los precios finales al consumidor. Esta reducción comenzó desde abril de 2009 y es un esfuerzo silencioso de la industria nacional de bienes de consumo por medio de promociones y variaciones de productos y presentaciones.
Este esfuerzo sin duda también refleja la caída de los precios internacionales de los productos básicos y de la revaluación del peso que colaboraron con reducir la presión en los costos de producción pero sin duda es fue una clara apuesta de la industria por mantener al mercado pese a la sensación de crisis que estaba en el ambiente.
Al final todos ganaron: los consumidores tuvieron un aumento de su capacidad de compra de más de 5% en el año y los empresarios lograron aumentar su utilidad en cerca de 2%.
FUERON LOS COSTOS, ESTÚPIDO
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
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El dato de inflación fue realmente impresionante: 2%. Esto más allá de mostrar una demanda prudente, deja ver una gran cantidad de evidencias de mercado muy importantes: muchas promociones, el rol de la gasolina en la canasta familiar, el poder del mercado mundial de alimentos en los hogares colombianos y las decisiones empresariales para mantener el mercado andando.
Mantener los precios bajos significa dos cosas: reducir costos y reducir las utilidades de las empresas. Ambos escenarios en el fondo significan afectar la productividad nacional y reducir la demanda laboral, como ha sido claramente reflejado en el aumento del desempleo en el país.
El mismo día que se informaba que el IPC era del 2% y muchos sectores nacionales salieron a reclamar dicho triunfo, también se publico del Índice de Precios al Productor – IPP con un dato mucho más sorprendente: los costos de producción de la oferta interna cayeron un -2,19%, pese al aumento salarial del 7,67%, lo que indica que también muchos insumos estaban sobrevalorados en el mercado y que de alguna manera el empresariado logro mantener un margen de rentabilidad de sus líneas de producción.
Para bienes consumibles los costos tuvieron un cambio de -0.22%, corroborando que la reducción de costos fue fundamental en la baja variación de los precios finales al consumidor. Esta reducción comenzó desde abril de 2009 y es un esfuerzo silencioso de la industria nacional de bienes de consumo por medio de promociones y variaciones de productos y presentaciones.
Este esfuerzo sin duda también refleja la caída de los precios internacionales de los productos básicos y de la revaluación del peso que colaboraron con reducir la presión en los costos de producción pero sin duda es fue una clara apuesta de la industria por mantener al mercado pese a la sensación de crisis que estaba en el ambiente.
Al final todos ganaron: los consumidores tuvieron un aumento de su capacidad de compra de más de 5% en el año y los empresarios lograron aumentar su utilidad en cerca de 2%.
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