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sábado, 17 de enero de 2009

MALA HORA PARA EL SUR, La República

MALA HORA PARA EL SUR
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
Especial para La República

A veces es incómodo decir ciertas cosas que a las personas no les gusta escuchar, pero igual hay que decirlas: las poblaciones del sur del país tiene un serio problema cultural.

Este problema radica en los cultivos ilícitos y narcotráfico, donde las personas están acostumbradas a tener utilidades cercanas al 100% en los cultivos y la producción de droga; cuando la lucha antinarcóticos y la erradicación manual, redujo esto, la población se enfrentó a ingresos menores y descubrió las rentabilidades reales de una hectárea sembrada, y eso cambió el escenario.

Ese fue el caldo de cultivo para la aparición de las pirámides y del sistema de DMG, ya que igualaba las tasas de utilidad a las que estaban acostumbrados y consideraban normales. Es evidente que una rentabilidad superior al DTF es buena y motiva la inversión en ciertos sectores de la economía, pero cuando se presentan utilidades anuales superiores al 100% cabe recordar que la tasa de utilidad está directamente vinculada al nivel de riesgo.

Una persona que entra a un casino, apuesta a perder todo; una persona que compra acciones o bonos de alto riesgo, sabe que, mañana estos pueden valer menos que el papel. Esto fue lo que evitó que en Bogotá las pirámides crecieran tanto y que DMG se masificara, ya que el consumidor local es adverso al riesgo, sobre todo después de la crisis hipotecaria.

Medellín y Cali ya fueron tristes testigos de los impactos socioculturales del dinero fácil del narcotráfico, y al sur le llegó su hora. Lo curioso de esta situación, no es aceptar lo que ocurre, sino lo que conlleva: hoy el gobierno ya ha institucionalizado la socialización de las utilidades del narcotráfico en la economía.

El hecho de capturar los bienes de los narcotraficantes y reparar a las víctimas, no es otra cosa que legalizar socialmente las utilidades del este delito. Sin duda tiene algo de justicia, pero también tiene algo de peligroso, ya que al final el dinero del delito queda como capital legal en la economía.

Este es el punto fundamental a discutir. Una cosa es que una persona sea ambiciosa y quiera más por menos, y quizá que sea un fenómeno socialmente aceptado y colectivo en un grupo poblacional, pero que el Estado lo use de la misma manera y de esa manera equilibre sus déficit sociales, económicos y políticos es otra cosa. No podemos permitir que el Estado socialice las utilidades del delito ni mucho menos que financie sus pérdidas.

Hoy mucho señalan a los bancos como “responsables” por sus bajas tasas de ahorro y sus exorbitantes tasas de crédito; pero cuando se dio la crisis bancaria, el gobierno Pastrana salió a salvarlos porque eran los dineros de los ahorradores los que estaban en riesgo ante un problema nacional; no como en este caso, donde las inversiones de riesgo de algunos (muchos en el sur del país) se han perdido por un fenómeno delictivo. Sin duda cabe una responsabilidad por omisión o demora de acción a los agentes del Estado, pero no son los responsables del problema. Los papás no cubren las pérdidas de sus hijos en el casino.

El gobierno no puede ni mucho menos debe ayudar a solventar las pérdidas de los inversionistas de riesgo, y si lo hace está sentando un pésimo precedente. Al final la mayoría del dinero no se perdió sino que cambio de dueño, y por eso el efecto en la economía no es ni siquiera cercano al billón de pesos, que no es ni siquiera el 0,5% del consumo de los hogares colombianos. Es momento de decir que no, y buscar la forma de transformar la cultura y la producción del sur del país, no ir a pagar las deudas de aquellos que prefirieron tomaron un riesgo.

sábado, 13 de diciembre de 2008

UNA IDEA DEL DÉBITO - El Espectador

Domingo 8 de Diciembre de 2008

Consumiendo
UNA IDEA DEL DÉBITO
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com

El colombiano compra en efectivo, porque compra con lo que tiene, al punto que en muchos casos la gente trabaja el día para gastar lo del día siguiente. En este escenario, aparece la penetración bancaria como una cosa compleja para la gente, y mucho más el crédito, que no es para todos y mucho menos en Colombia.

Las personas que tienen tarjetas débito y crédito, que no son más del 5% de la población, han sido motivadas de la manera correcta a usar las crédito y están abandonando las débito: por las millas y los puntos. La idea de las millas y los puntos es fomentar las compras al debe y causar fidelización sobre la marca, pero esto ha llevado a que las personas usen las crédito como débito al usarlas a una sola cuota, logrando acumular los beneficios pero no pagando tasas de interés.

Esto ha llevado a que la tarjeta débito se esté usando mayormente en los cajeros electrónicos y no en los puntos de pago. Lo que evidencia una enorme oportunidad de mercado: crear puntos, millas y premios para las tarjetas débito, aumentando las transacciones de los bancos y un menor movimiento de efectivo en el mercado.

La marca que haga esto aumentará la bancarización porque ya pagar con plástico tiene sentido y utilidad, no es sólo un pago más por mover mi dinero sino un premio si lo hago muchas veces. Esto en navidad hubiese sido muy útil, pero ninguna marca anticipó el mercado y habrá una gran cantidad de pagos con tarjeta crédito y las débito estarán olvidadas en la billetera, pese a la gran campaña de Bancolombia y sus manitos educadoras.

Si se fomenta el pago con plástico, la gente vuelve a poner su dinero en los bancos y con una expansión de datáfonos, se puede apoyar el esquema de corresponsales no bancarios y aumentar el consumo en ciertos sectores que se ven fuertemente atados al efectivo. Imagínese que por ponerle gasolina al carro le den millas, por pagar el mercado le den millas, por pagar el almuerzo le den millas, el día de mañana cuando las redima podrá pagar el hotel y le darán millas para el siguiente viaje.

domingo, 2 de noviembre de 2008

HACEMOS MUCHAS VUELTAS - El Espectador

Domingo 2 de noviembre de 2008

Consumiendo
HACEMOS MUCHAS VUELTAS
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR

Siempre los clientes me retan la creatividad para comprender la realidad del consumidor colombiano. Hace algunos días alguno me preguntó, ¿Cuántas transacciones bancarias hace un hogar al mes?; la pregunta que parecía inofensiva, nos desembocó una investigación sin precedentes, que nos arrojó unos resultados realmente interesantes.

Un hogar en Colombia debe por lo menos pagar 3 servicios públicos, el arriendo o la hipoteca (algunos la administración del edificio), la pensión del colegio, el pago de créditos, los celulares y por lo menos una vuelta más. Esto nos deja que en promedio un hogar debe hacer mínimo 4 pagos mensuales. Y lo más curioso es que los hacemos en tiempos distintos.

Hace algunas semanas aborde el tema sobre el tiempo que perdemos haciendo vueltas bancarias y que evidentemente es más rentable haces esto por medio de los servicios bancarios on-line y telefónicos, porque el costo de oportunidad era evidente. Ya sabiendo los datos, se estima que una persona destina cerca de 8 horas a hacer pagos, es decir, un día completo del mes.

Lo curioso es que en muchos casos los pagos se hacen los sábados, pero todos los sábados del mes, porque entre semana no hay tiempo y las fechas de pago no coinciden. La penetración bancaria en Colombia es baja y por ende su conocimiento también. Mucho del problema y de su solución radica en comprender que pagar un recibo antes de su fecha límite no es perder dinero, aunque sí es cierto que le puede ayudar a ganar más dinero a la empresa del recibo que pagamos, nos ayuda a no perder tiempo. Si coordina todos sus pagos un solo día al mes, las cosas le mejoran mucho. Trate.