Jueves 14 de enero de 2010
Consumiendo
MÁS BOLIVARES POR WASHINGTONS
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
Devaluaron y entonces ahora dan más bolívares por un Washington en Venezuela. Esto sin duda tiene serios impactos económicos y políticos, pero no deja de ser un golpe de la realidad económica al socialismo del siglo XXI y de astucia política del presidente Chávez y su equipo económico.
¿Qué implicaciones tiene esta medida?, básicamente que las importaciones de productos básicos como alimentos costarán un 30% más y que otros productos como maquinaria y textiles duplicarán sus costos en el mercado. Más allá de la inflación que esto causará en los costos de producción y en el comercio, las implicaciones macroeconómicas son importantes. Primero que todo la deuda externa con importadores represada por el CADIVI se reduce a cerca de la mitad; segundo, la diferencia entre el dólar negro y el oficial se reduce notablemente; y finalmente, esto asegura un crecimiento positivo de la economía en 2010, ya que ante la inminente caída de cerca del 2% y una inflación de más de 20%, asegurar que los ingresos petroleros valdrán un 30% más no sólo apoya el gasto gubernamental en momentos electorales, sino que asegura cifras positivas en el crecimiento del PIB.
Pero es llamativo tomar esta medida en el momento en que se debate la entrada de Venezuela al Mercosur, ya que esta inestabilidad cambiaria, más el régimen del CADIVI, ya puso a la prensa Argentina y Brasileña a preocuparse por sus exportaciones y eso sin contar que en medio de este escenario comienza a transarse con Sucre ente naciones del ALBA pese al retiro de Honduras de dicha organización.
Sin duda, el gobierno central podrá comprar alimentos con más ingresos petroleros y controlar parte de la inflación gracias a un aumento de 103 millardos de Bolívares en las arcas del estado por la medida, pero los bienes semidurables y durables serán casi inalcanzables para la clase media venezolana, que sin duda presionará para un aumento de salario mínimo a medios de año como ocurrió en 2.009 y a sabiendas que están en año de elecciones parlamentarias.
Como siempre la foto macroeconómica mejorara pero la clase media y baja de Venezuela saldrá muy mal librada, ya que al no tener un libre mercado los ajustes monetarios son del 50% en un solo día y no en dos o tres años como ocurre en las economías libres, donde poco se ve a los jefe de hogar saliendo a comprar todo lo posible antes del cambio de precios.
Queda la pregunta en el aíre, ¿vale la pena mejorar lo macro destruyendo lo micro?
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sábado, 20 de febrero de 2010
EL 2.009, UN CASO DE ESTUDIO: SALE YEAR, Revista P&M
EL 2.009, UN CASO DE ESTUDIO: SALE YEAR
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
Especial para P&M
camiloherrera@raddar.net
Sin duda 2.009 será recordado en los anales del mercadeo como uno de los años más difíciles y con mayores retos de creatividad para satisfacer al consumidor.
Algunos dirán que el año comenzó desde el desplome financiero de septiembre de 2.008, pero para Colombia más parece que comenzó con las compras de navidad de ese año, ya que los hogares se sintieron fuertemente afectados por los rumores de crisis por parte de los medios de comunicación y los despidos efectivos que se dieron en noviembre, y usaron la tradición navideña para comprar regalos que fueran “útiles” para la temporada escolar.
Esto desembocó en que la temporada escolar comenzará desde diciembre del año anterior, y que por ende la temporada escolar a finales de enero y comienzo de febrero fueran muy débiles en ventas, al punto de comenzar con los esquemas promocionales como la reposición de morrales. Y este fue el punto de partida al “sale year”.
2.009 es el “sale year”: es un año donde las promociones dominaron la oferta comercial. Esto se fundamento en la sensación de crisis, el aumento del salario mínimo igual a la inflación causada, los despidos, la deserción escolar y la contracción de los precios de los alimentos, todo esto desembocó en un gran nerviosismo en el mercado que presenció un congelamiento de precios en el mercado durante casi todo el año, por la estabilidad del precio de la gasolina y la prudente demanda de productos; a esto se sumo el cierre de las fronteras comerciales de Venezuela y Ecuador, que dejo a la industria llena de inventario y con la necesidad de liquidarlo y reducir la planta de personal. Todos estos efectos, sumados a la caída en las remesas por la crisis global y la revaluación de la moneda.
Entonces mientras el mercado mantenía los precios, la capacidad de compra personal se mantenía, pero la de la economía se reducía ya que habían menos recursos en el entorno; por esto los comerciantes atacaron con la estrategia más peligrosa del mercado: promociones continuas para mantener el flujo de comercio, usando esquemas como los bonos de recompra (Everfit y Carrefour), el empaquetamiento 2x1 (Coca Cola – Alpina), empaquetamiento por uso (Alpina – Rica – Bimbo), descuento sobre precios por categorías (Pepe Ganga), empaques más pequeños (Postobón) y el aumento de la participación de la marca propias de las grandes cadenas desplazando las marcas comerciales, sobre todo en productos básicos de alimentos, aseo del hogar y personal.
Estas estrategias, que sin duda son efectivas, fueron confusas para el consumidor porque se dieron todas al mismo tiempo. Sobre todo se generó un problema de difícil solución para 2.010: los precios de referencia de los productos son menores por el efecto de las promociones, ya que el reducir el precio de un producto en un 10%,205 o 30% va a generar que cuando volvamos a comprar esto bienes nos parezcan caros.
Estos juegos tácticos liderados por las cadenas, entregando bonos de recompra con fechas definidas, se vio con mucha más profundidad a mitad de año con la batalla por la prima de nómina, que se sumo a un escenario de tres puentes festivos consecutivos; este “teatro de operaciones” causó que el consumidor comprará lo que faltaba de pequeños electrodomésticos y algunos gustos en aparatos de videos como televisores y home theater, dejando atrás las compras de vestuario para adultos, las marcas posicionadas en aseo del hogar y reduciendo su comida por fuera del hogar, que fue un segmento no se metió al juego promocional.
El objetivo de las cadenas era mantener el tráfico hacía sus corredores, bajo la premisa que más del 70% de las compras efectivas de definen en la góndola, pero este año el consumidor fue mucho más prudente y se dedico a comprar promociones como era de esperarse, causando ciclo vicioso dentro de las cadenas que se vieron obligadas a mantener ese ritmo, castigando a sus proveedores, reduciendo los márgenes de utilidad por producto, llevando a una reducción efectiva de las ventas por metro cuadrado en todo el país, más aún con la continua expansión de centros comerciales y nuevas tiendas, como ocurrió en el caso de Carrefour.
Fuente: RADDAR – Datos observados hasta 15 de noviembre de 2.009
El año acabó con la inflación por debajo del 3%, siendo esto un hecho histórico como también lo es la caída en las ventas de productos de los canales comerciales, sumando dos navidades consecutivas con números negativos.
El juego con las promociones tiene efectos irreversibles como la creación de un imaginario de precios de referencia bajo en los compradores, lo que desembocará en una sensación de inflación y de la aparición de frases como “!Que lugar tan caro!”, tan pronto los precios se ajusten.
Hay un efecto mucho más preocupante: la sensación de engaño en el consumidor. Cuando un comprador está acostumbrado a pagar $100 por un producto durante años, y ve que durante más de diez meses su producto puede estar al nivel de $90, se siente tumbado, y considera que el valor percibido por la satisfacción del consumo del bien ya no se justifica a un precio de $100.
Este efecto engaño al consumidor más la inevitable inflación en 2.010 causa un escenario muy complejo para la creatividad del mercadeo, que pasa de la fiesta del consumo en 2.005-2.007, el guayabo del consumo en 2.008 y Sale Year de 2.009, dejando pocas opciones de acción, ya que la economía aún no está recuperada pese a que la capacidad de compra ha crecido un poco. Sin duda lo que viene es un año del viejo mercadeo: bueno, bonito y barato.
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
Especial para P&M
camiloherrera@raddar.net
Sin duda 2.009 será recordado en los anales del mercadeo como uno de los años más difíciles y con mayores retos de creatividad para satisfacer al consumidor.
Algunos dirán que el año comenzó desde el desplome financiero de septiembre de 2.008, pero para Colombia más parece que comenzó con las compras de navidad de ese año, ya que los hogares se sintieron fuertemente afectados por los rumores de crisis por parte de los medios de comunicación y los despidos efectivos que se dieron en noviembre, y usaron la tradición navideña para comprar regalos que fueran “útiles” para la temporada escolar.
Esto desembocó en que la temporada escolar comenzará desde diciembre del año anterior, y que por ende la temporada escolar a finales de enero y comienzo de febrero fueran muy débiles en ventas, al punto de comenzar con los esquemas promocionales como la reposición de morrales. Y este fue el punto de partida al “sale year”.
2.009 es el “sale year”: es un año donde las promociones dominaron la oferta comercial. Esto se fundamento en la sensación de crisis, el aumento del salario mínimo igual a la inflación causada, los despidos, la deserción escolar y la contracción de los precios de los alimentos, todo esto desembocó en un gran nerviosismo en el mercado que presenció un congelamiento de precios en el mercado durante casi todo el año, por la estabilidad del precio de la gasolina y la prudente demanda de productos; a esto se sumo el cierre de las fronteras comerciales de Venezuela y Ecuador, que dejo a la industria llena de inventario y con la necesidad de liquidarlo y reducir la planta de personal. Todos estos efectos, sumados a la caída en las remesas por la crisis global y la revaluación de la moneda.
Entonces mientras el mercado mantenía los precios, la capacidad de compra personal se mantenía, pero la de la economía se reducía ya que habían menos recursos en el entorno; por esto los comerciantes atacaron con la estrategia más peligrosa del mercado: promociones continuas para mantener el flujo de comercio, usando esquemas como los bonos de recompra (Everfit y Carrefour), el empaquetamiento 2x1 (Coca Cola – Alpina), empaquetamiento por uso (Alpina – Rica – Bimbo), descuento sobre precios por categorías (Pepe Ganga), empaques más pequeños (Postobón) y el aumento de la participación de la marca propias de las grandes cadenas desplazando las marcas comerciales, sobre todo en productos básicos de alimentos, aseo del hogar y personal.
Estas estrategias, que sin duda son efectivas, fueron confusas para el consumidor porque se dieron todas al mismo tiempo. Sobre todo se generó un problema de difícil solución para 2.010: los precios de referencia de los productos son menores por el efecto de las promociones, ya que el reducir el precio de un producto en un 10%,205 o 30% va a generar que cuando volvamos a comprar esto bienes nos parezcan caros.
Estos juegos tácticos liderados por las cadenas, entregando bonos de recompra con fechas definidas, se vio con mucha más profundidad a mitad de año con la batalla por la prima de nómina, que se sumo a un escenario de tres puentes festivos consecutivos; este “teatro de operaciones” causó que el consumidor comprará lo que faltaba de pequeños electrodomésticos y algunos gustos en aparatos de videos como televisores y home theater, dejando atrás las compras de vestuario para adultos, las marcas posicionadas en aseo del hogar y reduciendo su comida por fuera del hogar, que fue un segmento no se metió al juego promocional.
El objetivo de las cadenas era mantener el tráfico hacía sus corredores, bajo la premisa que más del 70% de las compras efectivas de definen en la góndola, pero este año el consumidor fue mucho más prudente y se dedico a comprar promociones como era de esperarse, causando ciclo vicioso dentro de las cadenas que se vieron obligadas a mantener ese ritmo, castigando a sus proveedores, reduciendo los márgenes de utilidad por producto, llevando a una reducción efectiva de las ventas por metro cuadrado en todo el país, más aún con la continua expansión de centros comerciales y nuevas tiendas, como ocurrió en el caso de Carrefour.
Fuente: RADDAR – Datos observados hasta 15 de noviembre de 2.009
El año acabó con la inflación por debajo del 3%, siendo esto un hecho histórico como también lo es la caída en las ventas de productos de los canales comerciales, sumando dos navidades consecutivas con números negativos.
El juego con las promociones tiene efectos irreversibles como la creación de un imaginario de precios de referencia bajo en los compradores, lo que desembocará en una sensación de inflación y de la aparición de frases como “!Que lugar tan caro!”, tan pronto los precios se ajusten.
Hay un efecto mucho más preocupante: la sensación de engaño en el consumidor. Cuando un comprador está acostumbrado a pagar $100 por un producto durante años, y ve que durante más de diez meses su producto puede estar al nivel de $90, se siente tumbado, y considera que el valor percibido por la satisfacción del consumo del bien ya no se justifica a un precio de $100.
Este efecto engaño al consumidor más la inevitable inflación en 2.010 causa un escenario muy complejo para la creatividad del mercadeo, que pasa de la fiesta del consumo en 2.005-2.007, el guayabo del consumo en 2.008 y Sale Year de 2.009, dejando pocas opciones de acción, ya que la economía aún no está recuperada pese a que la capacidad de compra ha crecido un poco. Sin duda lo que viene es un año del viejo mercadeo: bueno, bonito y barato.
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FUERON LOS COSTOS, ESTÚPIDO, La Republica
Martes 12 de enero de 2010
FUERON LOS COSTOS, ESTÚPIDO
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
El dato de inflación fue realmente impresionante: 2%. Esto más allá de mostrar una demanda prudente, deja ver una gran cantidad de evidencias de mercado muy importantes: muchas promociones, el rol de la gasolina en la canasta familiar, el poder del mercado mundial de alimentos en los hogares colombianos y las decisiones empresariales para mantener el mercado andando.
Mantener los precios bajos significa dos cosas: reducir costos y reducir las utilidades de las empresas. Ambos escenarios en el fondo significan afectar la productividad nacional y reducir la demanda laboral, como ha sido claramente reflejado en el aumento del desempleo en el país.
El mismo día que se informaba que el IPC era del 2% y muchos sectores nacionales salieron a reclamar dicho triunfo, también se publico del Índice de Precios al Productor – IPP con un dato mucho más sorprendente: los costos de producción de la oferta interna cayeron un -2,19%, pese al aumento salarial del 7,67%, lo que indica que también muchos insumos estaban sobrevalorados en el mercado y que de alguna manera el empresariado logro mantener un margen de rentabilidad de sus líneas de producción.
Para bienes consumibles los costos tuvieron un cambio de -0.22%, corroborando que la reducción de costos fue fundamental en la baja variación de los precios finales al consumidor. Esta reducción comenzó desde abril de 2009 y es un esfuerzo silencioso de la industria nacional de bienes de consumo por medio de promociones y variaciones de productos y presentaciones.
Este esfuerzo sin duda también refleja la caída de los precios internacionales de los productos básicos y de la revaluación del peso que colaboraron con reducir la presión en los costos de producción pero sin duda es fue una clara apuesta de la industria por mantener al mercado pese a la sensación de crisis que estaba en el ambiente.
Al final todos ganaron: los consumidores tuvieron un aumento de su capacidad de compra de más de 5% en el año y los empresarios lograron aumentar su utilidad en cerca de 2%.
FUERON LOS COSTOS, ESTÚPIDO
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
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El dato de inflación fue realmente impresionante: 2%. Esto más allá de mostrar una demanda prudente, deja ver una gran cantidad de evidencias de mercado muy importantes: muchas promociones, el rol de la gasolina en la canasta familiar, el poder del mercado mundial de alimentos en los hogares colombianos y las decisiones empresariales para mantener el mercado andando.
Mantener los precios bajos significa dos cosas: reducir costos y reducir las utilidades de las empresas. Ambos escenarios en el fondo significan afectar la productividad nacional y reducir la demanda laboral, como ha sido claramente reflejado en el aumento del desempleo en el país.
El mismo día que se informaba que el IPC era del 2% y muchos sectores nacionales salieron a reclamar dicho triunfo, también se publico del Índice de Precios al Productor – IPP con un dato mucho más sorprendente: los costos de producción de la oferta interna cayeron un -2,19%, pese al aumento salarial del 7,67%, lo que indica que también muchos insumos estaban sobrevalorados en el mercado y que de alguna manera el empresariado logro mantener un margen de rentabilidad de sus líneas de producción.
Para bienes consumibles los costos tuvieron un cambio de -0.22%, corroborando que la reducción de costos fue fundamental en la baja variación de los precios finales al consumidor. Esta reducción comenzó desde abril de 2009 y es un esfuerzo silencioso de la industria nacional de bienes de consumo por medio de promociones y variaciones de productos y presentaciones.
Este esfuerzo sin duda también refleja la caída de los precios internacionales de los productos básicos y de la revaluación del peso que colaboraron con reducir la presión en los costos de producción pero sin duda es fue una clara apuesta de la industria por mantener al mercado pese a la sensación de crisis que estaba en el ambiente.
Al final todos ganaron: los consumidores tuvieron un aumento de su capacidad de compra de más de 5% en el año y los empresarios lograron aumentar su utilidad en cerca de 2%.
lunes, 2 de noviembre de 2009
EL MAL NEGOCIO DE LA INFLACIÓN BAJA, La República
EL MAL NEGOCIO DE LA INFLACIÓN BAJA
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
Colombiador.blogspot.com
camiloherrera@raddar.net
En sorprendente artículo, Angel Ubide presentó una tesis inesperada en El País de España este fin de semana: la inflación baja puede ser un mal negocio. La hipótesis surge de la pregunta “¿no habría sido todo mucho más fácil si la recesión hubiera llegado en un contexto de inflación, y por tanto tipos de interés, un poco más elevada?”, ya que se eliminó “el convencimiento de que la deflación japonesa era simplemente el fruto de una aplicación ineficiente, lenta e inadecuada de las recetas de política económica”, de la forma más dura: comprendiendo que una tasa de referencia cero no permite mucho movilidad de la política monetaria.
Estas reflexiones que están de boga en la Comunidad Europea, surgen de la imposibilidad de los bancos centrales de tomar acciones en el momento de la crisis financiera de 2.009, ya que los tipos de interés de referencia no pueden ser negativos, dejando a los banqueros sin dos opciones de acción según “el manual de política monetaria”, bajas de interés y compra de activos de riesgo.
Leyendo a Ubide, Investigador Visitante del Peterson Institute for International Economics, cabe reflexionar sobre tres grandes razones que golpearon a las economías mundiales y fueron mal entendidas por el mercado y dejaron a los bancos en escenarios deflacionarios o “japoneses”: (1) el aumento de los precios de los commodities en 2.006, 2.007 y 2.008 que causan una caída de los precios en 2.009, porque en las mediciones de inflación, alimentos pesa entre 15% y 40%; (2) el mensaje de crisis redujo la demanda de bienes finales y las empresas quedaron con inventarios, causando un fenómeno generalizado de promociones que, con interés bajos, rompieron los ciclos de consumo; (3) la falta de credibilidad del mercado en los mensajes de los bancos centrales y privados, por su responsabilidad en la crisis.
Estos tres choques eran previsibles y los conocíamos desde las deflaciones japonesas, pero la arrogancia de algunos banqueros centrales dejaron pasar las señales, como afirma Ubide.
Colombia no es la excepción. Seguramente la inflación de octubre será cercana a cero por la congelación del precio de la gasolina y la enorme cantidad de promociones en el mercado, causando que el acumulado de inflación en nueve meses sea de 2,2%, menos de la mitad de los últimos diez años observados. Esta situación conduce a lo inevitable: (1) bajos márgenes de los comerciantes en el cierre de año; (2) pocas utilidades del sector real en 2.009; (3) una presión inflacionaria en 2.010, ya que comparar precios de mercado contra promociones siempre será un dato mayor; (4) una larga temporada de navidad con pocas ventas en diciembre, porque comenzó en julio; (5) temporada escolar 2.010 desde noviembre de 2.009; demostrando el mal negocio de la inflación baja.
Estas situaciones no son controlables con medidas monetarias de bajas tasas de referencia o la compra de TES en el mercado. Se requiere prontamente una reducción de encajes para que se dé una caída en los interés de crédito de consumo, expansión de la base monetaria y una propuesta tributaria que permita liquidar inventarios de producción como gastos deducibles – a manera de emergencia económica – o de lo contrario, los productos que iban a ser exportados a los vecinos estos años inundarán aun más el mercado y no habrá nueva producción por varios meses, aumentando el desempleo y llevando al país a una encrucijada real del alma. Es momento de actuar.
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
Colombiador.blogspot.com
camiloherrera@raddar.net
En sorprendente artículo, Angel Ubide presentó una tesis inesperada en El País de España este fin de semana: la inflación baja puede ser un mal negocio. La hipótesis surge de la pregunta “¿no habría sido todo mucho más fácil si la recesión hubiera llegado en un contexto de inflación, y por tanto tipos de interés, un poco más elevada?”, ya que se eliminó “el convencimiento de que la deflación japonesa era simplemente el fruto de una aplicación ineficiente, lenta e inadecuada de las recetas de política económica”, de la forma más dura: comprendiendo que una tasa de referencia cero no permite mucho movilidad de la política monetaria.
Estas reflexiones que están de boga en la Comunidad Europea, surgen de la imposibilidad de los bancos centrales de tomar acciones en el momento de la crisis financiera de 2.009, ya que los tipos de interés de referencia no pueden ser negativos, dejando a los banqueros sin dos opciones de acción según “el manual de política monetaria”, bajas de interés y compra de activos de riesgo.
Leyendo a Ubide, Investigador Visitante del Peterson Institute for International Economics, cabe reflexionar sobre tres grandes razones que golpearon a las economías mundiales y fueron mal entendidas por el mercado y dejaron a los bancos en escenarios deflacionarios o “japoneses”: (1) el aumento de los precios de los commodities en 2.006, 2.007 y 2.008 que causan una caída de los precios en 2.009, porque en las mediciones de inflación, alimentos pesa entre 15% y 40%; (2) el mensaje de crisis redujo la demanda de bienes finales y las empresas quedaron con inventarios, causando un fenómeno generalizado de promociones que, con interés bajos, rompieron los ciclos de consumo; (3) la falta de credibilidad del mercado en los mensajes de los bancos centrales y privados, por su responsabilidad en la crisis.
Estos tres choques eran previsibles y los conocíamos desde las deflaciones japonesas, pero la arrogancia de algunos banqueros centrales dejaron pasar las señales, como afirma Ubide.
Colombia no es la excepción. Seguramente la inflación de octubre será cercana a cero por la congelación del precio de la gasolina y la enorme cantidad de promociones en el mercado, causando que el acumulado de inflación en nueve meses sea de 2,2%, menos de la mitad de los últimos diez años observados. Esta situación conduce a lo inevitable: (1) bajos márgenes de los comerciantes en el cierre de año; (2) pocas utilidades del sector real en 2.009; (3) una presión inflacionaria en 2.010, ya que comparar precios de mercado contra promociones siempre será un dato mayor; (4) una larga temporada de navidad con pocas ventas en diciembre, porque comenzó en julio; (5) temporada escolar 2.010 desde noviembre de 2.009; demostrando el mal negocio de la inflación baja.
Estas situaciones no son controlables con medidas monetarias de bajas tasas de referencia o la compra de TES en el mercado. Se requiere prontamente una reducción de encajes para que se dé una caída en los interés de crédito de consumo, expansión de la base monetaria y una propuesta tributaria que permita liquidar inventarios de producción como gastos deducibles – a manera de emergencia económica – o de lo contrario, los productos que iban a ser exportados a los vecinos estos años inundarán aun más el mercado y no habrá nueva producción por varios meses, aumentando el desempleo y llevando al país a una encrucijada real del alma. Es momento de actuar.
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Precios
SUBE Y BAJA DEL CONSUMO, La República
SUBE Y BAJA DEL CONSUMO
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
colombiador.blogspot.com
Como lo afirmaba Elliot en su teoría de ondas, una tendencia bajista del mercado tiene un pico de crecimiento, una fase de ajuste con una nueva caída y el comienzo de la recuperación real del mercado.
Eso es lo que están experimentando los hogares en Colombia ante la sensación de la crisis económica. La caída del mercado comenzó en agosto de 2.006, con un rebote claro en el punto más bajo de desaceleración en abril de este año, y desde este punto hasta agosto se dio una clara recuperación que tiene como punto máximo septiembre y se volverá a desacelerar el consumo más o menos hasta febrero del siguiente año, y comenzar la recuperación antes de semana santa.
Este segundo rebote ocurre por las expectativas causadas por el mercado ante la cantidad de promociones y la incertidumbre de su capacidad de compra para navidad y la temporada escolar, ya que no hay claridad sobre el aumento de salario ni de la continuidad laboral, debido a que en octubre y noviembre se presentan la mayor cantidad de liquidación de puestos en las empresas.
Esta tendencia de consumo – que no es crisis ni recesión – es la clásica forma “w” que se ve en el modelo de Elliot sobre ajustes de mercado; esto ocurre porque ante una caída, las personas y las empresas buscan la forma de recuperarse y mercado reacciona pero rápidamente se crea una incertidumbre sobre la condición de la recuperación y se consumen los recursos más líquidos, por eso la tendencia se revierte, encontrando que el mercado tiene una inercia propia de recuperación y comienzan a aumentar los medios de pago, lo que causa la tendencia positiva de largo plazo, sino ocurre un choque de demanda o precios fuerte en el periodo.
Sin duda las promociones que se han dado durante todo el año han causado un fuerte cambio en el ciclo de precios y de consumo, porque han bajado los precios y la gente ha comprado cosas por fuera del momento esperado; de hecho ya las cifras muestran que muchos hogares han precomprado los regalos de navidad ante el boom promocional, lo que llevará a que el comercio muestre cifras bajas o incluso negativas en diciembre, y que quizá la misma temporada escolar comience desde diciembre con regalos para nietos y sobrinos.
Por esto la forma recuperar el consumo depende de las acciones del gobierno nacional para dar tranquilidad al mercado, anticipando las decisiones de salario mínimo o las primas de navidad, reduciendo así la incertidumbre y limpiando el horizonte para los hogares.
Por otra parte, el sector privado puedo aprovechar la situación: lanzar formatos pequeños del producto para mantenerse en el carrito, lanzar nuevos productos en navidad eliminando el efecto precompra navideña, premiar a sus empleados con bonos de compras, aprovechar los nuevos canales como la venta directa y el catalogo, y finalmente, rotando proveedores aprovechando las condiciones de mercado. Reduciendo costos, motivando al equipo y sorprendiendo a su consumidor.
Al final, no puede haber un ganador, porque se debe dar un efecto de suma cero, donde gobierno, industria y hogares pierdan un poco y ganen un poco, y así la recuperación del mercado interno será más rápida.
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
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Como lo afirmaba Elliot en su teoría de ondas, una tendencia bajista del mercado tiene un pico de crecimiento, una fase de ajuste con una nueva caída y el comienzo de la recuperación real del mercado.
Eso es lo que están experimentando los hogares en Colombia ante la sensación de la crisis económica. La caída del mercado comenzó en agosto de 2.006, con un rebote claro en el punto más bajo de desaceleración en abril de este año, y desde este punto hasta agosto se dio una clara recuperación que tiene como punto máximo septiembre y se volverá a desacelerar el consumo más o menos hasta febrero del siguiente año, y comenzar la recuperación antes de semana santa.
Este segundo rebote ocurre por las expectativas causadas por el mercado ante la cantidad de promociones y la incertidumbre de su capacidad de compra para navidad y la temporada escolar, ya que no hay claridad sobre el aumento de salario ni de la continuidad laboral, debido a que en octubre y noviembre se presentan la mayor cantidad de liquidación de puestos en las empresas.
Esta tendencia de consumo – que no es crisis ni recesión – es la clásica forma “w” que se ve en el modelo de Elliot sobre ajustes de mercado; esto ocurre porque ante una caída, las personas y las empresas buscan la forma de recuperarse y mercado reacciona pero rápidamente se crea una incertidumbre sobre la condición de la recuperación y se consumen los recursos más líquidos, por eso la tendencia se revierte, encontrando que el mercado tiene una inercia propia de recuperación y comienzan a aumentar los medios de pago, lo que causa la tendencia positiva de largo plazo, sino ocurre un choque de demanda o precios fuerte en el periodo.
Sin duda las promociones que se han dado durante todo el año han causado un fuerte cambio en el ciclo de precios y de consumo, porque han bajado los precios y la gente ha comprado cosas por fuera del momento esperado; de hecho ya las cifras muestran que muchos hogares han precomprado los regalos de navidad ante el boom promocional, lo que llevará a que el comercio muestre cifras bajas o incluso negativas en diciembre, y que quizá la misma temporada escolar comience desde diciembre con regalos para nietos y sobrinos.
Por esto la forma recuperar el consumo depende de las acciones del gobierno nacional para dar tranquilidad al mercado, anticipando las decisiones de salario mínimo o las primas de navidad, reduciendo así la incertidumbre y limpiando el horizonte para los hogares.
Por otra parte, el sector privado puedo aprovechar la situación: lanzar formatos pequeños del producto para mantenerse en el carrito, lanzar nuevos productos en navidad eliminando el efecto precompra navideña, premiar a sus empleados con bonos de compras, aprovechar los nuevos canales como la venta directa y el catalogo, y finalmente, rotando proveedores aprovechando las condiciones de mercado. Reduciendo costos, motivando al equipo y sorprendiendo a su consumidor.
Al final, no puede haber un ganador, porque se debe dar un efecto de suma cero, donde gobierno, industria y hogares pierdan un poco y ganen un poco, y así la recuperación del mercado interno será más rápida.
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lunes, 28 de septiembre de 2009
COMCEL LO VALE, La República
COMCEL LO VALE
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
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La decisión de la Comisión de Regulación de Comunicaciones no defiende al consumidor, sino a la competencia; es una decisión errada y que sienta un mal precedente en el mercado.
En los últimos diez años todos los servicios públicos han aumentado sus precios según la inflación causada el año anterior, mientras que la telefonía continúa bajando sus tarifas para satisfacer al consumidor, incluso, con mejores paquetes y servicios. Por esto, la medida de la CRC que establecer que se debe “realizar una oferta mayorista de comunicaciones y establecer sus planes tarifarios como prepago y postpago a un costo para las llamadas a otros operadores similar o inferior al de una llamada a otra línea de la misma empresa”.
Esta medida afecta directamente al mercado, porque elimina las segmentaciones, los niveles de riesgo y al final causa que los costos de operación se transmitan de manera proporcional y no progresiva a las tarifas de otros planes.
¿Por qué debe Comcel bajar las tarifas?, el argumento de la Comisión se refiere a la posición dominante de esta marca en el mercado; la verdad es que es la marca dominante por un excelente trabajo comercial y de mercadeo, siendo hoy la más antigua con 15 años de existencia, mientras su competencia tiene menos de 5 años, lo que causa claras diferencias de posicionamiento y por ende de posición en el mercado.
Según los datos de CRC, Comcel tiene el 66,3% de los abonados y el 67,4% de la facturación, que genera un gasto medio anual de sus abonados de $214.900, frente a $208.000 de Movistar y $198.000 de Tigo, que marca una diferencia de 3% frente al segundo del mercado y 8% frente al tercero. Lo que demuestra que la diferencia real en pago es baja y refleja muy bien el trabajo continuo de la marca.
Nunca he tenido una línea de Comcel y no voy a referirme al tema de servicio al cliente que es uno de los temas más complicados para el consumidor colombiano, pero si es necesario sentar una protesta ante una medida antitécnica que al final va a afectar el mercado; históricamente los precios los ha regulado el mercado y ha sido exitoso. Por el contrario, exigir precios máximos en la segmentación de mercados, llevará a tarifas relativamente iguales que eliminarán los productos focalizados y por ende reducirá la penetración del servicio con valor agregado a ciertas capas sociales.
Regular precios casi siempre causa grandes asimetrías en el mercado y el perdedor al final es el consumidor; y esa no es la forma de premiar a las marcas que han hecho las cosas bien y como en este caso, fueron pioneros, abrieron mercados y crearon la infraestructura del sector.
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
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La decisión de la Comisión de Regulación de Comunicaciones no defiende al consumidor, sino a la competencia; es una decisión errada y que sienta un mal precedente en el mercado.
En los últimos diez años todos los servicios públicos han aumentado sus precios según la inflación causada el año anterior, mientras que la telefonía continúa bajando sus tarifas para satisfacer al consumidor, incluso, con mejores paquetes y servicios. Por esto, la medida de la CRC que establecer que se debe “realizar una oferta mayorista de comunicaciones y establecer sus planes tarifarios como prepago y postpago a un costo para las llamadas a otros operadores similar o inferior al de una llamada a otra línea de la misma empresa”.
Esta medida afecta directamente al mercado, porque elimina las segmentaciones, los niveles de riesgo y al final causa que los costos de operación se transmitan de manera proporcional y no progresiva a las tarifas de otros planes.
¿Por qué debe Comcel bajar las tarifas?, el argumento de la Comisión se refiere a la posición dominante de esta marca en el mercado; la verdad es que es la marca dominante por un excelente trabajo comercial y de mercadeo, siendo hoy la más antigua con 15 años de existencia, mientras su competencia tiene menos de 5 años, lo que causa claras diferencias de posicionamiento y por ende de posición en el mercado.
Según los datos de CRC, Comcel tiene el 66,3% de los abonados y el 67,4% de la facturación, que genera un gasto medio anual de sus abonados de $214.900, frente a $208.000 de Movistar y $198.000 de Tigo, que marca una diferencia de 3% frente al segundo del mercado y 8% frente al tercero. Lo que demuestra que la diferencia real en pago es baja y refleja muy bien el trabajo continuo de la marca.
Nunca he tenido una línea de Comcel y no voy a referirme al tema de servicio al cliente que es uno de los temas más complicados para el consumidor colombiano, pero si es necesario sentar una protesta ante una medida antitécnica que al final va a afectar el mercado; históricamente los precios los ha regulado el mercado y ha sido exitoso. Por el contrario, exigir precios máximos en la segmentación de mercados, llevará a tarifas relativamente iguales que eliminarán los productos focalizados y por ende reducirá la penetración del servicio con valor agregado a ciertas capas sociales.
Regular precios casi siempre causa grandes asimetrías en el mercado y el perdedor al final es el consumidor; y esa no es la forma de premiar a las marcas que han hecho las cosas bien y como en este caso, fueron pioneros, abrieron mercados y crearon la infraestructura del sector.
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