martes, 25 de agosto de 2009

VIVIENDO HACE 20 AÑOS, El Nuevo Siglo

Sábado 22 de agosto de 2009

Asimetrías
VIVIENDO HACE 20 AÑOS
Por Camilo Herrera Mora

Hace 20 años murió Luis Carlos Galán y esta semana el tema fue como evitar que la investigación precluyerá. Otros nombres como Rodrigo Lara Bonilla, Jaime Garzón, Jaime Pardo Leal y hasta Carlos Pizarro Leóngomez, no descansan en paz porque no hay culpables por sus homicidios.

Lo más triste es que muchos nombres de la actual política nacional se ven involucrados en todos estos procesos y que otrora héroes nacionales hoy sean considerados criminales.

En 20 años el país no ha avanzado: la clase política sigue fuertemente vinculada a los dineros del narcotráfico y su nefasta influencia, la pobreza es la misma o peor, y la “ética” política ha llevado al fin del buen nombre de los partidos y de las instituciones.

Hoy, según diversos estudios e investigaciones, se evidencia que los jóvenes no tienen deseo de ser parte del mundo político y que sienten que la política no les importa ni los afecta, situaciones que al final fortalecen los pequeños grupos de poder en el país, porque si las nuevas generaciones no quieren ser parte de los procesos, seguirán los mismos haciendo lo mismo.

Hemos visto un baño de sangre durante años, acompañado de un vacio de ideas y de resultados reales para mejorar la calidad de vida de los colombianos. Básicamente el país de hoy es el mismo de hace 20 años: el mismo nivel de desempleo, la misma guerrilla y el narcotráfico, la pobreza indexada y nuestras relaciones internacionales tensas.

Ahora comienza la campaña por las curules del congreso sin saber sobre la tercera candidatura de Uribe, lo que fractura mucho más los partidos, que no se salvarán con las consultas internas; esto profundizará su crisis, y llevará a que las listas para el congreso en el marco de la reforma política, sean abiertas en una lucha de imagen pública y pocas ideas.

Lo que nos deja la sensación que la UP, el Nuevo Liberalismo, la Nueva Fuerza Democrática, el Movimiento de Salvación Nacional y hasta el M19 hacen falta por sus ideas y principios.

Colombianada: hace 20 años El Tiempo afirmaba que el tendero es el Rey del Barrio, pero ¿no habíamos llegado al futuro?



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¿BLOQUEO ECONÓMICO?, El Nuevo Siglo

Sábado 15 de agosto de 2009

ASIMETRÍAS
¿BLOQUEO ECONÓMICO?
Por Camilo Herrera Mora

Esta semana Rafael Pardo sorprendió con una fuerte hipótesis: “Lo que está haciendo Chávez es inaceptable al someter a Colombia a un bloqueo económico porque tiene malas relaciones con el Presidente Álvaro Uribe”.

Esta aproximación al problema con Chávez deja ver que las relaciones internacionales de los dos países continuamente pasan los límites de la legalidad global, por la necesidad de crear tensión entre las naciones por razones de momento. Esto conlleva a que las economías de ambas países estén sujetas a condiciones políticas dejando que los agentes económicos cubran los costos de estas discusiones.

Una de las grandes ventajas del libre mercado es la multiplicidad de oferentes, lo que permite reducir precios y generar empleo; al ser controlado el mercado, el precio deja de cumplir su función social de equilibrio de los beneficios de la empresa y el consumidor, y causa que sea el empresario quien gane más, transfiriendo este costo al usuario final; como efectivamente ocurrirá en Venezuela al importar carne de Argentina, donde el venezolano pagará el precio de la carne, el flete de viaje de toda Suramérica y los costos del ciclo agrícola argentino que solo permite la producción algunas veces al año.

Todo esto por diferencias políticas y una extraña manera de manejar las relaciones internacionales. El consumo es un derecho, el precio es el equilibrio justo entre oferta y demanda y el comercio internacional es la mejor forma de complementar los mercados; por esto cuando la política coyuntural afecta esto sacrifica a la población como ha sido el caso de Cuba, Irak, Croacia y Corea del Norte.

Si la hipótesis de Pardo es cierta, puede ser el sustento de la decisión de la CAN y las inmediatas acciones de Ecuador al respecto, y dejaría ver que el comercio a fin de cuentas es el mejor mecanismo de construir ambientes de paz ante la complementariedad y necesidad reciproca en las naciones, que es básicamente lo que permitió el tratado de Maastrich y la creación del bloque europeo.

Colombianada: el empresariado colombiano ya sabe que un cierre de Chávez significa que en pocos meses tiene que hacer compras más grandes y a condiciones favorables para ellos.

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viernes, 14 de agosto de 2009

TENEMOS MODA, La Republica

TENEMOS MODA
Por Camilo Herrera Mora
Especial para La República
Presidente de RADDAR
camilohererera@raddar.net
colombiador.blogspot.com

Después de más de dos semanas de exhibición de buena moda colombiana en Colombiamoda y el International Foot and Leather Show, quedo claro que tenemos producto, calidad y sobre todo marcas.

En el competido mundo de la moda, las marcas globales tienen un peso muy fuerte en la decisión de compra de las personas; por esto siempre se ha dicho que es fundamental la creación de marcas locales fuertes que permitan la expansión de producto, calidad y creatividad a otros mercados, pero partiendo de la óptica local.

Este camino lo comenzó Leonisa creada en 1.956, seguida Totto en 1.987, de GEF en 1.990 y finalmente por Vélez, que ya está en tres países. Esta marca de ropa interior ya tiene presencia en 19 países, Totto en 20 del Caribe y Latinoamérica, GEF en todo el continente. Estos logros, que a veces pasan desapercibidos, ponen a nuestras industrias como algunas de las marcas más fuertes del continente, pero partiendo de la enseñanza del mercado local.

Esta semana Totto hizo una pasarela de producto que no tiene nada que envidiarle a Gap, pese a que su fuerte aún no es vestuario; GEF ha desarrollado producto deportivo que en calidad y desarrollo tecnológico esta a la altura de Adidas o Nike; finalmente Leonisa, ya es reconocida como la marca interior de la mujer latina en el continente; y siguiendo estos pasos Onda del Mar lleva 5 años consecutivos siendo la ropa interior de la edición de verano de Sports illustrated.

Tenemos moda, tenemos producto, tenemos calidad. Como observaba la directora comercial de Inexmoda: en Colombiamoda no se le dio escarapela a la crisis. La moda sigue fuerte y seguirá así si dinamizamos el mercado interno, que esta ávido de ofertas de buena calidad, a buenos precios y con la pertinencia de mercado.

¿Cómo dinamizar este proceso?, personalmente creo que las lecciones están a la vista: una marca de morrales que es capaz de ofrecer una línea de vestuario competitiva en mercados globales, una marca de ropa interior que cambio el modo de pensar del mercado, una marca de marroquinería que nos enseño que el cuero no es un tema “vaquero”, y una empresa de ropa interior que comprendió que con una gran marca, conocimiento del consumidor y del entorno puede convertirse en una marca que soluciona las necesidades de moda del mercado.

Lo dicho, queda moda para mucho tiempo, y las marcas que hemos creado superan nuestros mercado y son reconocidas a nivel global; esto nos da tranquilidad cuando vemos en las ferias más de 30 marcas de ropa interior, grandes marcas textiles y un sin número de ofertas de accesorios. La moda es uno de los caminos de la industria colombiana, y eso debe estar de moda.

¿MORENO?, el Nuevo Siglo

Sábado 8 de agosto de 2009
¿MORENO?
Por Camilo Herrera Mora

Por más que la opinión pública esté afectada por las decisiones el alcalde mayor, es probable que estemos en la presencia de una de las mejores administraciones que ha tenido la ciudad. Su impopularidad recuerda los dos primeros años de Enrique Peñalosa e incluso los últimos de Jaime castro; pero al igual que los mencionados, más parece que se ha dedicado lo que toca hacer y no lo que la gente quiere que haga.

No soy del Polo ni mucho menos el más adepto al alcalde, pero las cosas son como son. Todos los bogotanos decimos que la malla vial está destrozada, que no hay condiciones de movilidad, que es insegura y que hay serios problemas de pobreza.

Este Alcalde a tomado medidas impopulares como mandar varios frente de obra al mismo tiempo, pico y placa extendido y con el sistema integrado de transporte público se enfrenta a las empresas afiliadoras de buses, intentando eliminar la “guerra del centavo”. Esto no es reconocido, ni mucho menos el esfuerzo que comenzó esta semana con la gratuidad en la educación secundaria, una banca pública para pobres o el sistema de abastecimiento de la ciudad.

Pero, ¿Por qué tiene mala imagen?; eso es simple de contestar. Este alcalde puso la movilidad como la bandera del periodo y en particular al Metro, y todo lo que ocurre en este campo es muy lento y tiene demasiados intereses por detrás, y por ende los resultados demoran; recordemos que Peñalosa inauguro Transmilenio tres meses antes de dejar el Palacio de Liévano.

Eso deja ver que si logra poner en práctica el SITP, comienza la obra del metro, la gente tiene educación gratis y las tiendas de barrio permanecen abastecidas con precios justos, la ciudad va a cambiar mucho y sin duda va a mejorar, mucho más de lo que paso en pasadas administraciones. Claro, todo depende de la capacidad de su equipo para ejecutar y manejar la oposición política y de poder, que cada día más buscarán meter palos a la rueda.

Colombianada: mientras tanto Uribe hace un estratégico viaje diplomático, ampliamente detallado por el vicepresidente.


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¿POLITICA INTERNA?, El Nuevo Siglo

Sábado 30 de julio de 2009

Asimetrías
¿POLITICA INTERNA?
Por Camilo Herrera Mora

El gobierno colombiano tiene que hacer un alto en el camino y comenzar a actuar decididamente.

Sin duda nuestros vecinos son histórica y comercialmente importantes, pero no podemos permitir que la política interna de nuestro país se maneje como una política hemisférica. Debemos dejar atrás el miedo de los cierres de fronteras y preparar la industria para un cambio total.

Claramente esta posición tiene altos costos para el país, pero no podemos seguir soportando que cada evidencia que el gobierno nacional presenta sobre vínculos de personas con las FARC, desemboque en ataques verbales y políticos de los gobiernos vecinos contra nuestro país.

Dejar pasar una vez una situación como esta, es comprensible. Pero hoy ya perdimos la cuenta. Estamos en el fin de la diplomacia y en el comienzo de la política: tanto Chávez como Correa han mancillado con el nombre del gobierno y la historia de Colombia a su acomodo según las necesidades del momento.

Por esto debemos recordar que la política interna prima sobre los intereses de algunos. Es momento que el gobierno busque la forma de financiar a los sectores afectados, abrir nuevos mercados y en algún momento llamar a embajadores a consultas.

No debemos temer a la caída de la economía sino encontrar maneras para solucionarla. En este punto no podemos sacar las cosas fácilmente, porque lo que terminaría pasando es que nuestra política interna terminaría manejada por los gobiernos de los países vecinos y nuestro presidente serpia un convidado de piedra.

Los empresarios, los ministros y la comunidad internacional debe comprender que la soberanía también incluye el libre derecho de los pueblos de no ser considerados culpables por la faltas de otros en su afán de protagonismo histórico. La política interna no es un acuerdo hemisférico.

El país no puede seguir siendo gobernado por la necesidad del comercio exterior, porque una cosa es la política económica y otra muy distinta es la economía sobre la política. Es momento que presidente presida y que los empresarios y ministros apoyen las difíciles decisiones que se deben tomar en estos momentos.

Colombianada: celebramos nuestra independencia dejando que los vecinos definan nuestra política



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jueves, 2 de julio de 2009

¿DE QUE SIRVE?, El Nuevo Siglo

Sábado 26 de junio de 2009

Asimetrías
¿DE QUE SIRVE?
Por Camilo Herrera Mora

En este maremoto de justificaciones del gobierno nacional y otras autoridades sobre diversos temas, es más fácil escribir un cuestionario abierto que una columna.

¿De qué sirve decir que no estamos en recesión?, ¿por qué decir que el precio de la gasolina no va a bajar?, ¿para qué saber por qué renunció el inspector de la Policía?, ¿por qué el presidente dice que acabo con el clientelismo?, ¿por qué culpar a un congresista por la caída de la ley de víctimas?

¿Para qué revivir la inmunidad parlamentaria?, ¿por qué reelegir la seguridad democrática?, ¿Dónde están los culpables de los falsos positivos?, ¿Por qué siempre dicen que respetan las instituciones y paso seguido critican sus acciones?

¿Por qué la clase media debe financiar la seguridad democrática y no el sector que se beneficia de ella?, ¿de qué sirve una reforma tributaria parcial?, ¿por qué mantener los ministros que no han dado los resultados prometidos?

¿Por qué insistir en los TLC cuando el problema es de demanda interna?, ¿Por qué hablar de salarios mínimos diferenciados?, ¿de qué sirve tener la menor recesión, si al final la tenemos?, ¿por qué tenemos choque de trenes?, ¿es bueno que vengan tantos funcionarios de la ONU a ver qué está pasando?

¿Por qué decir que el crimen de Luis Carlos Galán es un crimen de estado?, ¿de qué sirve hoy denunciar las violaciones de los derechos humanos de los grupos al margen de ley?, ¿para qué presentar proyectos de ley que no son viables?

¿Qué debemos esperar de la nueva reforma política?, ¿Por qué investigamos a nuestros jueces?, ¿Por qué no es claro a quien investigamos?, ¿para qué bajar las tasas de referencia si no se da liquidez?, ¿para qué aumentar los impuestos a la ventas cuando el consumo está deprimido?, ¿por qué no comenzar las inversiones públicas anticíclicas?

Pero la pregunta más importante quizá es, ¿todas estas justificaciones y situaciones son para mejorar al país o para mantenerlo donde esta?

Colombianada: ¿si las cosas están bien, hay tanta justificación?

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¿QUÉ VALORES NOS QUEDAN?, Revista Semana

¿QUÉ VALORES NOS QUEDAN?
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR
camiloherrera@raddar.net
Especial para la Revista Semana

Cuando pensamos en la fechas patrias sin duda nos remitimos a esos elementos que creemos hacen nuestra identidad nacional, como la música, las personalidades, nuestra historia, y sin querer olvidamos que nuestra identidad está claramente ligada a nuestra cotidianidad, y es allí donde están nuestros valores.

Los valores son los acuerdos que hacemos como personas sobre cómo se deben hacer las cosas, nos hablan de cómo queremos que sean las cosas, como afirma Guillermo Hoyos. Estamos de acuerdo en que no se debe matar y no se debe mentir, igualmente estamos de acuerdo que las cosas son de sus dueños y que todos debemos ser tratados iguales y libres. Desafortunadamente, las estadísticas dicen todo lo contrario: en 2.008 murieron asesinadas 12.007 personas, se reportaron 45.259 hurtos comunes y se dieron 340 secuestros según los datos de la Policía Nacional. Hasta listar 19.444 lesiones comunes, simples peleas, y esas son solamente las reportadas.

Por esto los valores o deseos en que estamos de acuerdo son conocidos como la moral de una sociedad, su cultura ciudadana, y cuando afrontamos estos valores ante situaciones particulares es donde aparece la ética; según Kierkegaard la ética es la reflexión filosófica de la moral, es decir, que es la reflexión que cada uno de nosotros hacemos frente a una situación que se nos presenta y la estructura de valores que tenemos; por ejemplo, cuando encontramos un billete de $10.000 en la calle lo más común es que lo guardemos para nosotros y nunca nos preguntamos de quien era el dinero ni mucho menos por qué tomamos algo que no nos pertenece simplemente porque lo encontramos; otro ejemplo es el padre que roba comida para sus hijos, que es el extremo de las motivaciones humanas, pero que se desdibuja cuando los padres ponen a los hijos – desde bebés – a trabajar en los semáforos para lograr el diario para vivir.

La moral la construimos todos pero nunca nos hemos sentado a hacerlo. Antes la religión nos daba un punto de partida como los mandamientos, después la constitución nacional nos planteó una moral pública fundamentada en los derechos del ciudadano, pero al final nunca nos hemos puesto de acuerdo en los valores que queremos tener ni mucho menos en los que necesitamos. Y aún estamos enredados en “ganar el pan con el sudor de nuestras frentes” y esperar que “nos den el pan de cada día”. Lo que sin duda nos llevar a esperar a que Dios no se lo pague.

Paralelamente, la confianza intenta tejer en estos vacios redes de cooperación entre las personas, partiendo del supuesto que a mayor confianza más facilidad en las relaciones personales, pero el Colombia la tasa de confianza interpersonal no alcanza el 20%, lo que significa que solamente el 20% de la población confía en su prójimo; lo que evidentemente causa que un acuerdo de palabra sea inexistente y que los contratos comerciales tengan por lo general más de dos páginas de cláusulas, que incluyen clausulas de manejo de conflictos.

Adicionalmente, en diversos estudios como los continuos de Invamer-Gallup, se demuestra que más de la mitad de la población no confía en las instituciones, lo que causa que la opinión pública siempre tenga una visión negativa de los dirigentes; aunque es que es natural que no confiemos en las instituciones democráticamente electas, ya que cada persona solamente pone su voto por una persona y se eligen varias, por ende, las personas solo confiarían en quien votaron.

En el Estudio Colombiano de Valores y sus diversas actualizaciones se puede apreciar que en un listado de valores tradicionales del llamado mundo libre (católico, democrático y capitalista), nuestra estructura de valores deseados es focalizada a los valores sociales y no a los económicos y productivos. Esto nos hace reflexionar sobre los valores que deseamos y los que necesitamos: lo colombianos queremos ser más responsables, más tolerantes, más generosos y más creyentes, mientras le damos menos importancia a ser independientes, ahorradores, perseverantes y determinados, y lo más llamativo es que listamos el trabajo como el último valor deseado.

Esto nos deja una serie de reflexiones profundas sobre nuestra colombianidad. Queremos que las cosas nos lleguen por las relaciones sociales y buscamos evadir la responsabilidad y hacer las cosas nosotros mismos. Por esto instituciones como Dios, Patria y Hogar son fundamentales para el colombiano ya que en ellas delegamos nuestras responsabilidades como el empleo. El colombiano, en general, no ha dado el paso a ser responsable de sus actos y por ende de sus logros, y el mejor ejemplo de esto es que admiramos a aquellos que sí lo han hecho como Juanes o los dueños de Servientrega.

¿Qué valores tenemos?, eso es simple de contestar pero difícil de asumir. En teoría se nos han inculcado los valores católicos, democráticos y capitalistas, y es aquí donde las cosas se complican, porque el “no codiciar los bienes ajenos” riñe directamente con el libre mercado y “no robar” es inexplicable en un sistema político permeado por la corrupción.

Los valores los formamos en general hasta los 15 años y después no tenemos variaciones importantes en estos campos, como lo afirma Inglehart. En esos primeros años de vida aprendemos que es lo bueno y lo malo, y comprendemos lo bueno que tiene lo malo y lo malo que tiene lo bueno. Entonces, por esto se puede seguir hacia dónde van los valores de los colombianos.

Hoy el colombiano promedio tiene cerca de 30 años, entonces los valores que hoy priman son aquellos que fueron inculcados a la población entre 1979 y 1999, es decir, en período del cambio constitucional, ruptura de los partidos tradicionales, de negociaciones de paz, de narcotráfico, de secuestros. Una época donde el dinero fácil se acentuó en la sociedad logrando que las personas consiguieran ser ricas en poco tiempo sin importar lo que pase con los demás. Y este es el valor que trasciende a la población: ganar fácil, ser el primero.

En esta época se dan dos fenómenos muy importantes. Primero, que la formación se delega a la sociedad, a los amigos y a los colegios, alejando a la familia de este proceso ante la necesidad de ambos padres de ser fuentes de ingresos para el hogar, debido a la falta de oportunidades del sistema. De aquí surge mucho del fundamento de ser el primero, ya que al haber pocas oportunidades, el que llegue primero las puede tomar, y entre más rápido mejor.

Segundo, la entrada en vigor del FENOVAL, concepto planteado por John Sudarsky, que significa que el colombiano tiene FE en información NO VALidada; es decir que creemos todo lo que nos digan, porque es más fácil aceptar las verdades a medias que confrontar lo que nos dicen con otras fuentes.

El colombiano por alguna razón que no es fácilmente comprensible busca siempre ser el primero y por eso admira a los que logran, y está dispuesto a hacer lo que sea para lograrlo, bajo argumentos como “no se debe pero se puede”, “otros lo hacen” y la tenebrosa frase “¿o qué, usted me lo va impedir?”. Esta dinámica social se entroniza desde que el Gobierno ha puesto un sin número de normas sin aplicarlas y llevándolas siempre a algún tipo de amnistías que al final burlan el espíritu de la norma, entonces el ciudadano siente que hay muchas normas y que no tiene que cumplirlas.

Esto hace que el colombiano católico-secular que hoy conocemos cuando llega frente a una situación de violar una norma no haga un ejercicio racional de costo beneficio ante el castigo por infligir la norma (rational choice), o busque una segunda mejor opción, ni mucho menos que asuma que el logro de un beneficio menor individual logra un mayor beneficio colectivo, como plantearía John Nash; por el contrario lo que hace es un análisis de riesgo: si violo la norma pueden atraparme o no; si me atrapan pueden sancionarme o no; si me sancionan puedo cumplir la sanción o no; si cumplo la sanción gano más al cometer el delito o no.

Este juego hace que el colombiano sea fuertemente individualista y vea las normas como un laberinto de obstáculos que debe evadir para lograr su meta de ser el primero, incluso ser el primero en llegar al semáforo en rojo, o parar el bus en cualquier lado para no hacer fila o hacer doble fila para girar.

Estos fenómenos no surgen de la competencia deportiva que busca premiar a los mejores, más parece que surge del reconocimiento social donde ser el primero es fundamental. El colombiano buscar ser el primero y estar con los primeros, desafortunadamente esto no significa ser los mejores y estar con los mejores.

Al final cada vez más el colombiano, que creció en un época de violencia, narcotráfico, se parece cada vez más Lazarillo de Tormes, un ladino como afirma Emilio Yunis, que hace todo por vivir cómodamente, con poco trabajo y mantenido por alguien. Los valores que nos quedan son los familiares, ya que aquí no han llegado estos fenómenos tan profundamente, ya que la familia es el punto base de las personas y su lugar más confortable, donde siempre se le justificarán sus acciones pese a ser erradas.

¿Qué hacer?, algunos planean la redacción de un nuevo Manual de Carreño, otros piden el rol de las familias y otros claman por autoridad, la verdad es que el cambio parte de cada uno, al darnos cuenta que no tenemos que ser los primeros sino los mejores y esa es la fase posterior a la cultura ciudadana: lograr que hagamos las cosas que quisiéramos que nuestros hijos hicieran y así saber qué es lo correcto y no lo fácil. Recordando siempre que la vida es lo primero.